Caos
Las calles de la ciudad inundada presentaban el espectáculo del silencio después de un bombardeo que había pillado por sorpresa a la población. Los contenedores y las ramas desprendidas con violencia de los árboles que milagrosamente habían conseguido permanecer en pie vagaban por la calzada dejándose arrastrar por la marea de agua dulce. En lo alto, un cielo cerrado y amenazante hacía rugir a un viento aliado que levantaba todo a su paso y hacía tambalear farolas y coches como si de hojas de periódico se tratara. Todo permanecía a oscuras. Ni letreros iluminados, ni luces en las ventanas cerradas por precaución y miedo, ni semáforos, ni luna. El paisaje era desolador. Por entonces la única iluminación venía de los incontables rayos y relámpagos que relucían por detrás de las nubes y que, en más de una ocasión, hacían temblar el suelo y las piernas de los más atrevidos que desafiaban al temporal con paseos nocturnos bajo la lluvia. Calle tras calle las fachadas se teñían del naranja y azul reflejado de las sirenas de los servicios de emergencia. No había tregua. Árboles caídos, alcantarillas colapsadas, ataques de pánico, coches arrastrados por la fuerza del agua, túneles inundados... De pronto era como estar viviendo dentro de una pantalla de cine en la que se proyectaba una superproducción de Hollywood sobre el fin del mundo. Pero en un cambio repentino de guión, sentí tu mano sobre la mía y supe que el mundo no podía dejar de existir en aquel instante.Y es que Sucede Que Hoy la imagen fue devastadora...












































