25ago2008

Por La Espalda

Adoro la manera en la que tus brazos rodean mi cuerpo llegando por la espalda como para salvarme de la soledad del último minuto sin ti. Vienen y se deslizan suavemente desde los hombros, por el pecho y hasta la cintura, mientras tu cuello se acomoda en mi cabeza. Descienden lentamente erizando la piel a su paso y aumentando la presión de la sangre que transcurre cálida por debajo del rastro que van dejando tus manos. Siento el aire de tu respiración en mi nuca y hasta el rincón más lejano de mi cuerpo se estremece con el paso de tu aliento que se cuela acariciando mis costillas. Quiero perderme en ese preciso instante y detener el tiempo; quedar petrificados en aquella pose y decorar la sala de un museo dedicado al amor verdadero. Podría permanecer eternamente en tu abrazo. Y cómo te marchas y vuelves silenciosa a entregarme tu calor en forma de aparición inesperada por la espalda. Y una vez más el juego de caricias y manos que buscan las mías hasta encontrarlas tiritando del frío que sintieron en el breve transcurso de tu ausencia. Y de nuevo el vello de punta, la sangre ardiendo y el corazón acelerado. Y de viejo el sentimiento entregado en los besos que se me escapan sin poder evitarlo cuando tus labios rozan el aire que rodea mi boca.

Y es que Sucede Que Hoy sentí tus brazos rodeando mi cuerpo...

2 comentarios :

Quetzal | 20:52

Me encanta lo que escribes...
besos

Pablo Martín Lozano | 20:54

Gracias Quetzal! Me alegro muchísimo.

Un beso!