Un Buen Despertar

La luz de la mañana cae sin piedad sobre mi ventana y penetra al interior de la habitación recalentada. Apenas he dormido y mi cuerpo permanece en estado de alerta. Espera algo; sabe que ha de llegar. La almohada yace a mi lado en paralelo tras una noche en la que traté de engañarme disfrazándola de ti para abrazarla y autoconvencerme de que era tu cuerpo lo que rodeaba. Las sábanas por el suelo delatan el calor nocturno. Creo no soñar mientras siento verme a mí mismo acostado sobre la cama desde un cuerpo extraño que espera de pie el despertar apoyado junto a la puerta. Vueltas y más vueltas me hacen dudar de la hipotética paz interior. Será que empiezo a agonizar de ver que la superficie de la almohada es demasiado fría y rugosa para ser la piel de tu cuerpo. Pesadillas inconfesables vienen a perturbar mi mente. Y conforme la luz comienza a ser más insoportable mis párpados comienzan a pestañear más rápido sin llegar a abrirse. Parece que por delante estén pasando mil escenas a una velocidad de vértigo. El reloj todavía no marca ni las ocho. Y de pronto, como para venir a salvarme del mal rato de saberme solo entre las sábanas, suena el teléfono y escucho tu voz del otro lado. El día cobra sentido. Al fin podré dormir tranquilo.

Y es que Sucede Que Hoy tu voz fue el mejor despertar...