Me Licuo

Siento que me licuo mientras tus manos acarician mi piel ardiente en estas noches calurosas de un verano inesperadamente pleno. Tu cuerpo sobre el mío aplastando la deshonra evapora la sangre que fluye rauda a golpe de suspiros y sonidos huecos de las mismísimas entrañas. Hierve mi piel de saberse acariciada por tus dedos y en la boca me florecen besos con el polen de tus labios. Como el hielo de un gintonic me derrito lentamente mientras las burbujas del deseo ascienden de los pies hasta tu cuello. Siento convertirme en charco si me muevo. Y mientras el impulso de tus caderas hace encoger mis músculos con espasmos placenteros la noche pasa lenta y tremendamente espesa. Como el aire a nuestro alrededor. Se empañan las vergüenzas que jamás fueron invitadas a la fiesta. Nos fundimos como amantes de locura desatada y de la fusión de nuestras almas nace un sentimiento unido que penetra lentamente por la espalda. Se disuelven los problemas al mismo ritmo que el interior de mi cuerpo se hace agua. Me escurro en deseos de sentir tu ombligo acariciando los alrededores del mío. Y entre respiraciones entrecortadas y temperaturas que suben a la velocidad del pensamiento nos diluimos en un abrazo que termina por asfixiarme en la tortura más deliciosa que jamás haya probado.

Y es que Sucede Que Hoy me derretí en tus brazos...