Páginas De Dudas Entre Escombros

Caminando despistado por el centro de una ciudad perdida, lejos de las coordenadas de los mapas, inexistente incluso para los satélites, encontré un pequeño diario tirado en el suelo junto a un montón de libros viejos y muy estropeados. El dorado de las letras que rezaban la palabra "Diario", aunque apagadas, todavía dejaban entrever un brillo que sin duda un día debió ser luminoso y radiante. Ahora brillaba de otro modo. Brillaba de soledad y memoria de un pasado de tiempos mejores. Lo recogí de aquella muerte segura a manos del tiempo y del olvido, junto a otros tres ejemplares que llamaron mi atención, aunque poco importan los títulos. Al llegar a una pequeña plaza rodeada por edificios en ruinas de lo que un día fue lo más parecido a una civilización rica y potente, vi un banco de madera paradójicamente bien conservado y me dirigí hacia él. Las fachadas derruidas permitían contemplar el interior de las elegantes casas de la aristocracia de la época, reducidas ahora a escombros y espejos rotos colgando todavía de las paredes. Nadie había vuelto a pisar aquella ciudad desde el gran éxodo. Ni siquiera los saqueadores se habían atrevido a expoliar los tesoros todavía escondidos bajo el polvo y los bloques de hormigón. Y allí sentado, observando con atención el paisaje tétrico y desolador de la masacre humana, sentí curiosidad por leer el diario que había encontrado minutos atrás. Le quité el polvo de las tapas de un soplido y un extraño olor a tiempo penetró por mis sentidos. Un olor a tiempo que a su vez se descomponía en el efímero olor del dolor, el intenso perfume del amor y la tenue fragancia de la soledad. "Año 1827" era todo lo que se podía leer en la primera página amarillenta y rugosa, trazada con una caligrafía cuidada. En las siguientes páginas, en primera persona y con un tono sincero y directo, el protagonista de los relatos y antiguo dueño del cuaderno que sostenía yo ahora entre las manos, narraba sus coqueteos juveniles e inexpertos con el juego del amor. Y en una de las páginas centrales, el joven autor, ajeno a la posibilidad de que su diario pudiera llegar a caer en el futuro en manos de un desconocido, reflexionaba acerca del amor y las dudas que le generaba. A veces se refería a él como "el gran océano de la duda", "el misterioso juego de la apuesta constante", "la dulce melodía que en ocasiones amarga" o "la llama que arde y quema dudas cuando es el tiempo quien decide". No sabría concretar muy bien la edad del autor y a lo largo del texto no daba ni una sola pista que diese pie aunque fuera a la especulación, pero lo cierto es que sus palabras parecían portar la viveza y la virginidad de un corazón todavía puro. Y mientras pasaba páginas y más páginas respirando el aroma a papel viejo, me empapé del tono de duda y misterio que desprendía cada línea de texto manuscrito. Una duda y un misterio que no eran capaces de esclarecer los sentimientos de quien suscribía, pues al parecer su corazón dictaba órdenes que su mente no comprendía o ni siquiera quería escuchar. Y con aquel enigma en forma de signo de interrogación, como el que había dibujado en la última página, llegué hasta el final del diario sin ser capaz de leer cómo acababa la historia. Tal vez es que nunca tuvo final o quizá, lo más probable, es que con el paso del tiempo las últimas hojas se habrían desprendido dejando inconclusa la historia y sin respuesta el enigma.

Y es que Sucede Que Hoy navegué entre páginas de dudas...

4 comentarios :

Encarni | 17:18

Lo que un día es poderoso y elegante puede caer a lo más profundo y reducirse a simple polvo. Tenemos la absurda idea de que todo seguirá siempre igual, tal vez por eso no somos conscientes de que estamos mordiendo la mano que nos da de comer, la naturaleza. A veces "luego" es demasiado tarde.

Las dudas sobre el amor son constantes e incluso eternas, puede que por eso no hubiera final en el diario, porque esas preguntas nunca llegaron a tener respuesta. El amor es algo tan loco...

Por cierto, a mi también me encanta el olor que desprenden los libros antiguos al abrirlos.

Mil besos.

P.D: Espero que mi calor siga haciéndote efecto, el frio pasará muy pronto, estoy segura ;)

vicky gallardo | 21:17

pablito... dudando nacimos, dudando moriremos como seres humanos... La duda es la verdad… legítimamente heredada de los tiempos… venerada por pocos, denunciada por tantos… incrédulamente desdichada, y apenas… solo a penas… inmortal.

yo, de un tiempo a esta parte... desafiando la razón… deje de creer en la ambrosia de existir. Y mi religión es la certeza de la duda…

la duda absoluta de todo lo dicho, de todo lo creido... las infinitas creencias que delimitan la imaginación... amparandonos en las pruebas comprobables de los escombros empiricos...

la duda nos conmueve en busca de la verdad... en busca del mas alla.. de lo desconocido y nos lleva la infinita locura de creer.... en el latido de un corazón...

y creer... y dudar... y creer... para ver... para sentir...

...como dijera una vez Eisntein: "si puedes imaginarlo, puedes hacerlo"...

creo y sueño... compartiendo la misma duda... en esta inmensidad...

besitos amigo

Pablo Martín Lozano | 23:48

Encarni: Tu primer párrafo de comentario es en sí, una gran verdad. Es triste recurrir al "luego" porque es cierto que muchas veces ese "luego" llega demasiado tarde.
El amor es la locura bendita. Aquella que paradójicamente nos aporta cordura.

Besos.

PD: Tu calor siempre se agradece y enormemente.

Pablo Martín Lozano | 23:51

Vicky, eres toda una filósofa de la vida. Adoro tu facilidad para jugar con palabras sencillas para tratar temas complejos. Tienes el don de la explicación.
Dudando llegaremos a la verdad o, al menos, moriremos sabiendo que estuvimos en el camino. Porque la duda es el motor de la sabiduría. Apoyo y comparte la cita de Einstein que presentas. Uno que dudó y supo encaminar su duda.

Besos y gracias.