Historia De Alquiler

La idea de no volver a verla nunca más se apoderaba de su mente cada noche, desde el día en que supo que Clara se marchaba de la ciudad. El aviso le había llegado a través del teléfono, una gris tarde de otoño en la que perdió la esperanza y la ilusión por la vida. El contrato de alquiler de la casa expiraba y la chica a la que había deseado fervientemente durante los dos último años, ahora se marcharía por la puerta de atrás sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Con ella se marchaban los sueños, los planes de futuro, la vida que habían trazado palmo a palmo en las noches en vela de verano bajo el cielo estrellado de agosto, las ilusiones compartidas y hasta los besos medicinales que, en más de una ocasión, le habían aliviado sus dolores. Sin calor, sin compañía, sin tacto ni contacto, sin otro corazón, con heridas, con dolor, con el llanto triste del más triste adiós. Clara se marchaba obligada por la familia rumbo a otra ciudad en la que comenzar una vida probando mejor suerte. Qué iba a hacer ahora cada noche al acostarse, si la luz que veía a través de su ventana en el edificio de enfrente jamás volvería a encenderla la persona que un día le había robado el sueño. A dónde miraría ahora en las madrugadas de vigilia. A quién le dejaría notas escritas en su ventana para que al mirar por ella pudiera leer los mensajes de amor más bonitos nunca escritos. Con quién hablaría y a quién besaría en las noches de escapada a la escalera del portal. La vida perdía sentido sin Clara. Había pensado pasar la última noche a su lado tratando de convencerla de que se quedara con él continuando con la vida que ella deseaba. Tenía planeado regalarle sonrisas y versos en esa última luna juntos, para que el recuerdo que se llevara de él fuese al menos tan fuerte como para suscitar sus visitas próximas. Guardaría las lágrimas para el momento en el que el coche familiar torciese la esquina de su calle, seguido del camión de la mudanza. Entonces habría llegado el momento de llorar desconsolado por el adiós indefinido que le partía el alma. Aunque no fuese consciente, una lágrima silenciosa y lenta resbalaría por la mejilla de Clara desde el mismo momento en que no quisiera girarse para despedirse, por evitar la imagen del dolor y llevarse el mejor recuerdo. La misma lágrima que después emborronaría la letra de la carta de adiós que sostendría fuertemente en sus manos sin atreverse a leerla. Y mientras se alejara el coche que se estaba llevando un pedazo de su vida, sentado en el bordillo de la acera, pensaría en los nuevos inquilinos. Tal vez llegara alguien interesante y casi sin hacer ruido se colara en su vida, como dos años atrás lo había hecho Clara en secreto. Sin embargo sólo la idea de imaginar aquella casa ocupada por otros pasos que no fueran los de Clara, le hacía hundirse más y más en el sollozo frenético y desolador, de un corazón que pedía clemencia a gritos de dolor. Pero nadie le escuchó y de Clara, como de la propia ilusión, no quedó ni rastro.

Y es que Sucede Que Hoy quise crear una historia de alquiler...

9 comentarios :

Ariam Ram | 06:39

¿Vuelve a haber "causalidad"? Mar se fue y comenzó una nueva vida... Sin un camión de mudanza pero en una nueva casa que habita hace apenas tres meses...

Abandonó un hogar y se buscó otro mejor, anhelando el verdaderamente deseado. Dejó atrás muchas cosas, impuestas también, ahora los mensajes hermosos le vienen a través de otro cristal, de otra pantalla... Muy vieja pero tan nueva como la luna cuando es nueva...

Bonito y curioso.

Testigo | 14:20

"Aquella casa ocupada por otros pasos"... sencillo, bonito, me gusta.

Pablo Martín Lozano | 16:06

Hola Ariam. No es que vuelva a haber causalidad, es que... además es doble. A veces me sorprendo de que las historias que escribo cobran sentido a los pocos días con los comentarios de la gente. Magia.
Gracias por comentar.

Besos.

Testigo: Encantado de recibirte en mi pequeño mundo de letras y de historias. Me alegro de que te guste. Gracias por comentar.
Saludos.

Encarni | 16:19

iQue lindo me ha parecido lo de las notas en la ventana, son los típicos detalles que te gustaría que te sucedieran.

Ya hablamos en un post reciente de que la gente llega, aporta su granito de arena y se va. Sabemos que hay personas que no estarán para "siempre", lo que tenemos que hacer es aprovechar y disfrutar junto a ellos mientras podamos.

Puede que la despedida de Clara no sea un "adiós", si no un "hasta pronto". Otra vez una vecina protagoniza tu post, sospechoso... ;)

Un besote.

P.D: ¿Dónde se ha ido la gente estos dias?

Pablo Martín Lozano | 16:30

Hola Encarni. Lo de la otra vez tenía tal vez más sentido que en esta, pero es cierto que a lo largo del camino te cruzas con gente que tiene algo que enseñarte. Hasta los que no llegan a tener nunca nuestra oportunidad.
Clara, Sofía, Claudia, Marta, Esther, Sonia, Lucía...sólo son nombres. Podría haber utilizado Simona o Lessie, que al final no es más que un producto de mi mente. Lo de las vecinas...no sé, lo único cierto es que la casa de enfrente sigue desocupada.

Un beso y gracias!

PD: Yo tampoco lo sé; a ratos siento frío.

Encarni | 16:48

Puede que no estén dejando su huella pero seguro que todos sacan un ratito para disfrutar de lo que ofreces. Espero que el poquito calor que puedo ofrecerte desde la distancia impida que ese frio haga mella.

Puede que haya días en los que me aleje un poquito pero nunca me voy demasiado lejos. Jamás olvidaré el trato.

Un besote enorme.

Pablo Martín Lozano | 17:02

Gracias, gracias y gracias Encarni. Desde luego que tu calor se nota pese a los kilómetros de distancia. Tu calor, tu cercanía, tu empeño y tu cariño desinteresado. El trato hacia una persona es directamente proporcional al que recibes de ella. Lo digo por tu última frase ;).

Un beso fuerte. Y gracias.

Anónimo | 18:35

simplemente magico, me gusta como te expresas ..wow..te envio un saludo desde México, no se como encontre esta pagina pero ojalá de alguna manera pudiera conocerte y me permitas seguir leyendote...MARA (terramar03@hotmail.com)

Pablo Martín Lozano | 23:53

Hola Mara, muchísimas gracias por tu comentario y me alegro de que te haya gustado lo que has encontrado. Por supuesto que puedes seguir leyendo y dejando huella de tu paso siempre que te apetezca.
Que disfrutes.

Besos!