Night On The Road

El cristal de la ventana en la que apoyo la cabeza mientras el autobús avanza en la noche oculta un mensaje que el vaho de mi respiración descubre. Parece que el asiento que yo ocupo ahora lo estuvo en un momento que desconozco por "Sara y Rubén", una pareja a la que también desconozco pero que envidio por un instante. El corazón que envuelve sus nombres me lo suscita. Seguramente uno de los dos lo escribió mientras el otro dormía apoyado en su hombro, mientras la lluvia o el frío de afuera empañaba los cristales. Tal vez al despertar, bastantes kilómetros más lejos, el dibujo había desaparecido y quien dormía jamás supiera de su existencia. Y sin embargo yo sí, ahora, mientras el aire que expulso por la nariz se convierte en tinta. Por delante me queda toda una noche de viaje. A mi lado, como al lado de Rubén o Sara, también viaja alguien. Una desconocida que también al igual que Rubén o Sara duerme pero sin apoyar su cabeza en mi hombro. Viajo solo, a encontrarme conmigo mismo. A disfrutar del placer de la soledad pretendida. Las calles de una ciudad desconocida me ofrecerán asilo espiritual. Recorreré las sendas empedradas que se vayan anteponiendo en mi camino sin ninguna ruta preestablecida. Y cuando me sienta solo, recordaré los momentos en los que lo único que pedía era un tiempo a solas. Y echaré de menos ausencias. Pero experimentaré y mientras lo haga sabré que estoy vivo. De momento, todo lo que veo es una raya continua blanca sobre el fondo negro del asfalto que parece moverse a toda velocidad, dejando atrás el camino recorrido. Dentro de seis horas habré llegado.

Y es que Sucede Que Hoy tengo ganas de vivir la experiencia...