En La Espera Del Semáforo
La niebla espesa caía sobre la ciudad de noche cubriendo los techos de los coches de una brillante capa de humedad reveladora de dibujos invisibles en los cristales. El semáforo de la esquina de tu casa se puso en rojo justo antes de mi paso, no sé ya si por azar o porque hasta aquel cruce mi inconsciente había jugado con la velocidad para cuadrar mi llegada con el cambio de color. Mientras esperaba, comprobé que las flores seguían vivas en tu balcón a pesar del frío de las noches en soledad y al mirarlas recordé su olor tan real como la mañana en la que me regalaron su perfume por primera vez después del amor. Y con la mirada perdida en lo alto tratando de intuir tu cama a través de la ventana imaginé que llegabas con tu coche, dispuesta a guardarlo en el garaje cuyo acceso bloqueaba el mío. Dibujé en mi mente cada escena de aquella película que sólo estaba sucediendo en mi imaginación, movida por el impulso de encontrarte un día sin más en aquella misma esquina. Tú llegabas, el semáforo cambiaba, arrancábamos los dos, tú sin darte cuenta todavía de mi presencia, tu intermitente hacia el garaje, el mío hacia el lado opuesto para aparcar en doble fila de cualquier manera y correr hacia tu coche dispuesto a subir a tu lado sin preguntar. Y calmar tu susto con un beso que te hiciese reconocerme en la penumbra de la farola fundida, mientras la plataforma del ascensor del párking descendía lentamente en un viaje hasta los subsuelos de la pasión. Y sin mediar palabra, mirar de cerca de nuevo el reflejo de mis ojos en los tuyos, palpar tu rostro recordando el tacto de tu piel en mis dedos y marcharme sellando tu adiós silencioso con un último beso. Pero aquel cortometraje quedó grabado para siempre sólo en mi cabeza. Fuera de ella, el semáforo cambió a verde y por el retrovisor de mi coche lo único que se veía era la soledad de una calle vacía y neblinosa.Y es que Sucede Que Hoy te recordé en la espera del semáforo...

























