Nuestro Cruce En Cada Esquina

Vuelvo a casa y todo es de otro color; las calles, las luces, los coches. Las sonrisas de la gente sonríen más de lo común, los ojos de la luna brillan desprendiendo amor. Es el espíritu de la Navidad, pienso, pero estoy equivocado. Respiro y saboreo un oxígeno dulce, acaramelado, impregnado de tu piel lejana. Viene helado y directo a llenarme los pulmones de tu fragancia de primavera fértil. Y mientras inspiro con fuerza hasta agotar tu aroma, cierro los ojos y veo un cielo despejado. Sin embargo llueve y está encapotado, pero basta con imaginar tu rostro y sentir radiante un sol cercano. Es la magia que te envuelve, la brisa templada que desprendes con tus manos. Es la Navidad, pienso, pero sigo equivocado. Acaricio el paso de las horas deseando otra noche como aquella; la de ayer o la primera, la que entraste con sorpresa. Y te busco una y mil veces en el día y presiento nuestro cruce en cada esquina. Pero no llega el momento de encontrarnos y me vuelvo cabizbajo y resignado. Es el juego del destino que nos guía; ese mismo que te trajo como un regalo a mi vida; ese mismo que me grita que es tan raro como bello el sentimiento que suscitas. No es la Navidad, pienso, y esta vez es la que acierto. Es un soplo de aire fresco; es un presente; es un sueño; es la vida que sonríe; es el universo que siempre escucha atento.

Y es que Sucede Que Hoy lo vi todo de otro color...