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Las Fronteras De Tu Ombligo

Aún me duelen los labios de robarte besos prohibidos y cálidos en una noche demasiado fría para la época en la que estamos. Todavía guardo tu sabor en las comisuras de mi boca y el tacto de la piel de las fronteras de tu ombligo en la yema de mis dedos. Algún cabello dorado resiste contra viento y roces aferrado a mi camisa delatando una noche de distancias cortas. Y en la mente navega el recuerdo de tu mirada clavada en la mía diciendo todo lo que las voces callan a pesar del murmullo tímido de dos almas inseguras ante la novedad. Sienten y temen. Lo primero más que lo segundo, aunque sea lo último lo que más asome. Cierro los ojos y me acribillan los fotogramas lentos de tus hombros acompasados con las caderas moviéndose al ritmo de la música que envolvía el espacio que llenabas con sólo tu presencia inesperada. Y como en una fotografía que toma vida me acecha el recuerdo de tu cabeza apoyada sobre mis piernas lanzando preguntas de las que no se puede contestar con monosílabos. Preguntas cuyas respuestas vendrán con el tiempo que ahora se burla de nosotros haciéndonos creer que ha variado la velocidad en su transcurrir, mientras confunde a nuestros corazones que creen conocerse de mucho atrás. Y de fondo suena una canción que ha de venirme a recordar que la vida es un constante reinventar, una sucesión de nuevas vivencias; las ganas de volver a empezar.

Y es que Sucede Que Hoy me acecha el recuerdo reciente...

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Fluir

Que organicen aquellos que cuentan las manías por docenas. Que piensen los que tienen demasiado tiempo libre y muy poca faena. Que prevengan los anclados y los que tienen miedo a lo desconocido. Que anticipen los nerviosos que no aguantan en la espera. Que corran los alocados que quieren exprimir aquí y ahora porque mañana si no ¿cuándo?. Que auguren los dudosos y acarreen ellos el peso de la duda en sus espaldas. Que frenen los retraídos con sus miedos a avanzar y dar un paso. Que duden los inseguros y den vueltas sus cabezas hasta ver salir el humo. Pero que fluyan los que sienten y se dejen lo demás para más tarde, para cuando la magia acabe y la ociosidad sentimental vuelva a estar presente, o que simplemente releguen las respuestas al destino y a la suerte.

Y es que Sucede Que Hoy me dejé fluir...

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De Lengua Afilada

Eres de lengua afilada y pragmatismo aplastante. De piñón fijo y mirilla calibrada con exquisita precisión. De certera puntería y objetivo definido con resolución más que sobresaliente. Tienes el don de la palabra justa en el momento indicado. Del verbo exacto en la quietud aparente. Gozas del poder de tu arte en cambiar la tónica en las sílabas y hacer más sonoro el lenguaje, pero tienes tanto poder en el contenido que haces olvidar la forma. Las palabras salen disparadas de tu boca con agilidad y presentas destreza en los tiempos y en aquello de saber callar. Analizas e investigas hasta encontrar. Y una vez encuentras vas directa al grano, a desentrañar, a decir sin miramientos ni reparos la pura realidad. Cuentas además con el increíble poder de acertar, lo que otorga a tu carácter cierto aire de poder sobrenatural. Y entre risas y verdades, en ningún momento te olvidas de donde estás y adonde quieres llegar, porque por olvidar te olvidaste hasta de olvidar. Bendita memoria. Sabes identificar, llegar al fondo, destripar los entresijos y hacerlos caer por su propio peso con tanta facilidad, que hay que estar preparado para el cambio cuando te paras a conversar. Seduces y encantas con esa malentendida frialdad. A los ojos de la gente la certeza se reviste a veces de crueldad. Problema del que escucha o mira y no sabe que es un don preciado el de permutar. Entretanto tú a lo tuyo, ya lo sabes: pregonar verdades aunque duelan y su efecto tarde más de lo deseado en llegar.

Y es que Sucede Que Hoy te describiría así...

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Retrato De Un Paraíso Propio

Mi paraíso sería un suceder de fragmentos de las mejores novelas y películas. Experimentaría las escenas de amor de esas historias que te erizan la piel al leerlas. Los besos de Hollywood en una escena de reencuentro bajo la lluvia con todas las personas a las que amé. Correr tras un coche que se aleja con mi amada llorando adentro por su partida. Las escenas de cama más tiernas de las mejores novelas de pasión. Los mundos infinitos y laberínticos de Borges. Unas vacaciones en Macondo al lado de los Buendía o una travesía en crucero por el Caribe en la piel de Florentino Ariza con una Fermina Daza próxima a mi piel. Ciudades de civilizaciones perdidas en su máximo esplendor distribuidas por barrios. Un día en la piel de Jesucristo, otro en la de Nerón, Van Gogh, Beethoven, Mozart, Gandhi o cualquier otro menos yo, que ya conocí mi vida... Ser Romeo en el último acto y no llegar a tomar el veneno. Una tarde tranquila escribiendo un poema con las manos de Neruda, o escuchando a Sam "tocándola otra vez" en el Café Americain de Casablanca mientras comparto un gintonic con alguna vieja gloria como Cleopatra o la modelo que posó para ser Afrodita y quedó bautizada para la eternidad como la Venus de Milo. Un extra en una película de Chaplin para ponerme a las órdenes del gran maestro, o un actor de la Nouvelle Vague francesa para experimentar la locura de una época revolucionaria. Sería un lugar repleto de cafés de aquellos de principios de siglo pasado con paredes de tela roja, humo y tertulianos discutiendo acerca de lo divino y lo humano, invitando a cognacs y tés a Sócrates, Rousseau, Aristóteles, Einstein, Marx o el Che. Una ciudad con Dalís en cada esquina adornando paredes desnudas con graffitis millonarios y Sinatras ganándose la vida en los túneles del metro o cantando de mesa en mesa en una calle de estilo parisino con las mesas hacia afuera y farolillos de colores colgando. Y un mar abierto a la inmensidad con veleros perfilados en el horizonte tripulados por piratas de renombre reformados y transformados en atracciones de feria. Un mundo sin sufrimiento ni dolor, repleto de colores, música, letras y tiovivos en los que rodar hasta comprender que el mundo gira porque lo mueve el impulso de nuestros corazones. Un mundo de amor; de amor sin desamor, de amor sincero como el retratado por Eisenstaed en el famoso beso del soldado de Marina, en pleno Times Square de Nueva York.

Y es que Sucede Que Hoy me preguntaron por mi paraíso...

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Volvería A Nacer

Volvería a nacer sólo por vivir de nuevo el momento de encontrarme contigo en la vida. Volver a buscarte sabiendo que existes tal y como ya te viví en otros tiempos. Intentar seguir tus pasos sin los peros del pasado. Y entregarme a tus abrazos como un completo desconocido. Sentir la obligación de reconquistarte sabiendo que en el fondo de tu esencia todavía me recuerdas. Y vivir de nuevo los inicios de un amor eligiendo otros caminos, para hacer más grandes las fronteras de la historia que tejimos hace tiempo entre los dos. Encontrarte de pronto, sentada, sin recuerdos del pasado, pero en la mano una fotografía. La que nos hicimos hace años en aquel fotomatón de una estación perdida. Mirándola, tratando de saber a quién pertenece el rostro de ese que parece mirarte fijamente diciéndote qué pasa, ¿no me reconoces? Soy yo, el que te quiso como nunca nadie logró hacerlo de nuevo. Y sentarme frente a ti y poner mi rostro junto a la foto, para ayudarte a relacionar facciones, gestos, tal vez mirando al fondo de mis ojos. Y llegar a ser los niños que cayeron enamorados una noche de verano con el mar al fondo y la arena entre las manos. Volvería a nacer sólo por vivir de nuevo el momento de encontrarme contigo en la vida, para no perder el tiempo en despedidas y empezar de nuevo siendo dueña de mis días.

Y es que Sucede Que Hoy empecé aquí y terminé allá...

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A Voz Pasada

Me aferro al silencio que grita hoy en mi interior para acallar lo que ya manifesté sin previo aviso. Muerdo las palabras y cierro los labios con fuerza para no decir aquello que entre dientes se escapó sin darme tregua. La garganta dijo no mientras las manos proyectaban en sílabas los secretos que guardaba bajo llave en la antesala de mi boca. Y sin tiempo de pedir perdón arremetí sin remedio hasta que no pude volver el tiempo atrás. Mi voz había cumplido su parte del trato pero nada pudo frenar el avance de mis manos. Letra a letra fue tomando forma el mensaje convertido en bala de metal pesado que volaba ardiendo en dirección a tus ojos. Hasta que impactó, y lo hizo sin conciencia, sin excusas, sin tiempo de preparación. El daño estaba hecho y, dañada por la onda expansiva, la confianza se resquebrajó y quedó disminuida a pedazos de duda y confusión. Como el huracán que se eleva hasta el cielo abierto arrasando todo lo que encuentra a su paso, el peso de mi voz callada removió con ira tu alma hasta dejarla hundida en la desazón. Ya ni el grito de alto el fuego era suficiente para reclamar tu perdón. Alaridos muertos yacían en la cuneta de la autopista que se estaba construyendo directa a tu corazón. Y en el cielo nubes negras, cien mil rayos y el recuerdo de tu adiós; la ligera y pobre herencia de tus ojos derramando falsas lágrimas de compasión.

Y es que Sucede Que Hoy no guardé silencio...

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Los Trazos Del Amor

El amor es como un cuadro en el que vamos pintando capas sobre las zonas que ya están envejecidas o la pintura dejó de brillar en ellas. Es como un lienzo en el que vamos añadiendo personajes y colores conforme vamos conociendo nuevas formas de amar. Vamos comprendiendo que el amor no es sólo aquello que reluce dentro de la gama de los rosas, sino que a veces vale más un negro oscuro que nos haga conocer la contrariedad y nos permita madurar, un rojo intenso que nos haga retomar la creencia en el poder de un beso, un amarillo resplandeciente que nos devuelva a la acción cuando ya hemos acostumbrado la vista al rosa y nos acomodamos, o un blanco puro que nos transporte a un clímax de paz interior al ser conscientes de que en la vida lo importante es caminar. Caminar para experimentar. Experimentar para conocer. Conocer para crecer. Y crecer para encontrar la plenitud. La paleta de colores puede ser tan amplia como recuerdos de amores tengamos, pero siempre existirá una esquina para albergar otro nuevo que jamás pensamos que llegaríamos a utilizar. Y así, pincel en mano, vamos reescribiendo la narración del cuadro, rediseñando los retales de un corazón veterano y reinventando una biografía que engrosa al tiempo que nos permitimos el lujo de plasmar colores, aunque viejos trazos descansen apagados por debajo de la escena que se deja ver.

Y es que Sucede Que Hoy pinté historias y escribí cuadros...

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Hotel De Sábanas Frías

Qué fría la noche a solas en la habitación del hotel. Qué insoportable girarse y ver que la cama que se extiende junto a la mía sigue igual de lisa y bien hecha que cuando entré por primera vez. Escucho voces en el pasillo y espero ansioso un golpe sutil en la puerta anunciando tu llegada tan deseada. Un pequeño aviso que me anuncie tu presencia al otro lado, en mitad de la oscuridad del pasillo enmoquetado. Levantarme, abrir y verte en una mano los zapatos que te quitaste para caminar sin levantar sospecha y en la otra tu cepillo de dientes, señal suficiente para demostrar tus intenciones. ¿Puedo pasar? Puedes, puedes. De la misma manera que podías haberlo hecho durante las dos horas que llevo despierto tirado sobre las sábanas esperando este momento. Pero aquí estás. Adelante. Ponte cómoda. Cierro. Pestillo. Cartel de "no molestar" colgando afuera. Girarme y verte agachada junto al minibar buscando el champán augura una buena noche. Una larga noche. Tu camiseta arrugada ya descansa sobre la cama que hasta entonces nadie había tocado. Tu acento meloso sube por las paredes y envuelve la habitación con un aire del sur, del sur de otras tierras lejanas pero hermanadas. Y entre sorbos de champán directos de la botella emborrachamos a besos, caricias y palabras fuera de tono, pero no de lugar. A tu camiseta arrugada sobre la cama ahora le acompañan unos pantalones blancos. Los míos los perdí por el camino... Las voces del pasillo cada vez resuenan más. Más y más próximas. Se acercan. Tal vez seáis tú y tus amigas. Sé que compartimos piso en este hotel. Pero pasan de largo. Pasas de largo sin llamar a mi puerta. A no ser que sólo estés disimulando y esperes a que todos duerman para cumplir con mi anhelo. El de tenerte ocupando la cama que ahora suscita esta rabia por verla tan sola y con las sábanas planchadas.

Y es que Sucede Que Hoy esperé un encuentro fugaz...

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Con Tres Letras Nada Más

¿Y si comprendieras que volviendo a encontrarte contigo misma haces que yo me encuentre conmigo otra vez? Que si tu sonríes haces que lo haga yo también. Que si vuelves a sentir la fuerza de la vida consigues que esa fuerza corra de nuevo por mi ser. ¿Y si comprendieras que de tu felicidad depende un poquito de la mía? Que si te liberas de cadenas me liberas de las mías. Que si por fin alzas el vuelo y despegas vuelvo yo a dejar atrás la tierra. ¿Y si comprendieras que escuchando mis consejos haces que también sea yo el aconsejado? Que si entiendes lo que digo logras que yo me lo vuelva a creer. Que si confías en mis palabras confío yo también y retomo la certeza de su poder. ¿Y si comprendieras, niña, que lo único que trato de hacerte comprender es que quiero que nunca me comprendas para que en la ignorancia comprendas que hay cosas que mejor no entender? Que ojalá fuese todo tan sencillo como decirte en este preciso instante, ven.

Y es que Sucede Que Hoy un ven significaba un reencuéntrate...

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El Mañana Del Ayer

A menudo pienso que no existes y tu imagen no es más que una creación mental que se coló en mi cabeza debido a una mala conexión neuronal. Que estás por llegar y sin embargo ya habitas en mi recuerdo. Es como si hubiese atravesado el plano dimensional y conocerte formara parte de un pasado futuro. Conozco tu nombre, tu olor, el timbre de tu voz, el tacto de tus manos, cada milímetro de tu piel, el sonido de tus pasos, el color de tus ojos, el sabor de tus besos... Lo conozco todo de ti y todavía no has existido en mi vida a pesar de que creo que hasta guardo alguna fotografía tuya. Un salto en el tiempo, en el espacio, en el universo paralelo que abrió sus puertas por descuido y, curioso de mí como siempre, atravesé sin pensar en las consecuencias. Y ahora estoy aquí, queriéndote, amándote, sintiéndote, anhelándote, perdiéndote a cada segundo que pasa y el pasado se aleja. En ocasiones creo haber saltado de nuevo de dimensión y el eco de tu voz resuena en mi habitación con tequieros que todavía no me has pronunciado en la vida real. Si es que la hay. Porque cada día cuesta más saber qué lo es y qué no. Será que mi impaciencia innata llega a romper los límites de la ciencia. Te quiero aquí, ahora, como ayer, como siempre, pero mañana. Desde y hasta mañana. Y mientras llega el mañana me acuerdo del ayer, como mirando al futuro desde la ventana rota de una casa que existió hace siglos.

Y es que Sucede Que Hoy traspasé los límites de la física...

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La Visita De Un Ángel

Creo en la belleza pura desde el momento en que te vi sentada con tu cámara de fotos entre las manos iluminando tu rostro con la luz que irradiaba la pantalla. Rodeada de gente y sola, tan infinitamente sola que a pesar del vocerío y los empujones creí compartir sólo contigo aquel lugar de ensueño. Más tarde descubrí que tus ojos y tu piel brillaban sin necesidad de la luz reflejada de tu cámara fotográfica. Era el aura que te rodeaba; la finura del ángel caído de un lienzo renacentista. Miré al cielo y observé un hueco entre las nubes que parecía conectar directamente con el paraíso en el que comencé a creer desde que te vi sentada y supe que belleza como la tuya no podía ser cosa de este mundo. Seguramente habías descendido como un rayo de luz hasta posarte en aquel banco de piedra ocre con la misma suavidad con la que luego ondearía tu vestido negro. Se reinventó la perfección aquella noche con tu presencia. Cuando mis ojos te perdían era como querer respirar estando bajo el mar azul y profundo que nos rodeaba. Como morir ahogado entre almohadones como los que te rodeaban la primera vez que mi mirada rondó tu figura y cayó irremediablemente en el embrujo de tu ombligo. Volvería hasta aquella noche una y mil más si tuviera la capacidad de controlar mis sueños. Viajaría hasta el momento en que te descubrí entre la gente y comenzaría a reescribir la historia. Pondría el modo "pause" a tu alrededor y me acercaría poco a poco hasta ocupar el lugar de tu lado, rozándonos piel con piel. Te cogería de la mano y te invitaría a escapar en busca de un rincón secreto para entregarnos al más intenso, loco y desenfrenado amor. Te coronaría reina de la noche y dueña eterna de mi devoción. Y emborracharía de champán y de tu desnudez hasta caer dormido con tu cabeza sobre mi pecho y las pieles intercambiando todo su calor.

Y es que Sucede Que Hoy recordé la visita de un ángel...

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Huye De Mí

Por si esta noche te veo quiero decirte que huyas tan pronto mi sombra ronde tu figura. No importará lo que estés haciendo en ese momento, con quién compartas mesa o cigarrillo, tan solo márchate sin dar explicaciones. Trata de disimular tu rostro de sorpresa y date la vuelta hasta desaparecer sigilosamente entre el tumulto. Que no te alcance, por favor, no dejes que te alcance en ningún caso, porque si lo hago ya no tendrás escapatoria. Ya nada podrá frenar mis labios que se lanzarán como posesos a los tuyos para devorarlos a fuerza de besos profundos. Ya nada podrá frenar mis manos que pasarán rozando tu cintura hasta cogerte con firmeza por la espalda y apretarte contra mi cuerpo en un abrazo apasionado que te cortará por momentos la respiración. Ni nada podrá frenar mi imaginación ni mis ganas de ti que comenzarán a gritarme por dentro diciéndome que olvidemos al resto y nos vayamos a sonrojar a la luna con nuestros cuerpos entregados al sudor. Mi voz entrecortada por la falta de aire te susurrará al oído los versos del poema que escribí pensando en ti una noche de abril embrujado por la primavera. Será tu perdición; seré tu perdición. Debes huir y dejarlo todo atrás sin preocuparte de nada más que ir abriendo cada vez más trecho entre tú y yo, porque esta noche muerdo y quemo y temo por ti; porque esta noche quiero encontrarte y que seas sólo para mí.

Y es que Sucede Que Hoy salgo después de los exámenes...

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Amores De Peluquería

- ¿Puedo decirte algo ahora que nos hemos quedado a solas?
- Qué miedo. Dime.
- Verás...no puedes venir a trabajar a una peluquería de hombres vestida con esos leggings negros que parecen una segunda piel, ni con esa camiseta blanca ajustada que transparenta tu sujetador de rayas como las de una fiera salvaje. No, no puedes. No puedes pretender que no mueva la cabeza para seguirte con la mirada aún cuando me haces agacharla para retocarme la nuca. Ni que levante los ojos por encima de la revista que aparento leer para recorrer tu figura de arriba a abajo. No, no puedes.
- ¿Pues sabes qué?
- Dime.
- Que tú tampoco puedes venir a que te corte el pelo con esa cara que dios te ha dado y obligarme a que sean las tijeras y no mis manos las que lo acarician. Ni obligarme a que tenga que mirarte a través de un espejo en lugar de tenerte frente a frente y hacerlo directamente a tus ojos y a un centímetro de ti. No, no puedes. No puedes hacer que tenga que estar por encima de ti mientras estás sentado cuando lo que desearía sería estar justo debajo, boca arriba y no precisamente sentada. Ni pretender que mi mente no viaje por debajo de la tela negra que cubre tu ropa para no llenarte de pelos e imaginar que no existen ni la maldita tela ni la ropa. No, no puedes.
- En fin...¿Cuánto es?
- 8€ y una cena mañana en mi casa.
- Quédate con el cambio. Llevaré champán.

Y es que Sucede Que Hoy reconstruí pasiones de peluquería...
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Y Vuelves Sin Avisar

Que me devuelvan el dinero que gasté en terapias y pastillas para olvidarte. Que preparen de nuevo mi habitación en el manicomio del desamor. Que vayan cambiando las sábanas de la cama en la que permanecí acostado los largos meses de tu adiós. Que aireen el zulo en el que me recluí mientras tú marchabas sin volver la vista atrás. Que me vuelvan a recetar aquéllos fármacos que me hacían perder la noción del tiempo y me dejaban en estado vegetal hasta que se pasaba el efecto y volvía a la dolorosa realidad. Que preparen mis maletas con lo las ropas viejas rotas de los tiempos de la histeria sin control. Y que vuelvan a cargar de agua la pistola con la que creía dispararme cada mañana dispuesto a decir mi último adiós. Que excaven en la tierra un socavón lo suficientemente grande como para que quepamos yo y todo mi dolor. Y que hablen con quien deban para que mi poca herencia se la lleven los que necesiten una cura de corazón. Que se vista mi abogado y se presencie cuanto antes para estar en el momento de mi defunción. Entretanto que se alejen los que nunca me dejarían terminar con esta desazón. Que se acerquen enemigos y farsantes para que tengan la oportunidad de redimir sus penas y ser absueltos por mi última sonrisa de paz interior. Y que si algún día me canso de las alturas y regreso, sólo sea para cuidar de ti a pesar de que seas la causante de mi pena y de esta sinrazón.

Y es que Sucede Que Hoy te recordé después de tanto...

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En El Desvelo Caluroso

Seguía esperando el sonido del teléfono, pero el único sonido que escuchaba era el del viejo aparato de aire acondicionado suspendido sobre la puerta y el murmullo ininteligible de la cadena de televisión extranjera a la que ya no atendía. La habitación de aquel hotel se hacía cada vez más y más pequeña conforme la espera se prolongaba. Del otro lado del cristal de la ventana, las cortinas de una vecina de paso y desconocida ocultaban los secretos de su intimidad, los motivos de su estancia en aquel otro hostal, la conversación que mantenía por teléfono -ella sí que había tenido la suerte de escuchar aquel sonido-, el color de sus sábanas, su compañía si es que la tenía... Los destellos que se veían en la habitación hacían intuir que ella también estaba viendo la televisión, o al menos, como en su caso, la tenía encendida. Se preguntó si ella entendería lo que decía aquel presentador de pelo blanco que no cambiaba el gesto mientras disparaba palabras a toda velocidad. Se levantó y corrió del todo las cortinas para perder el tiempo observando a aquella chica mientras trataba de encontrar el sueño perdido. Apagó el televisor y la luz de la mesita de noche y se sentó en la cama con la espalda apoyada sobre el cabezal, dispuesto a desentrañar la historia, su historia, la historia de aquella que se había convertido en su compañera de desvelo sin ser consciente de ello. Entretanto la noche caía calurosa sobre la ciudad...

Y es que Sucede Que Hoy ocurrió sin más...

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Dans Le Palais Bulle

Entre burbujas de fino hormigón, luces de colores, música y alcohol -demasiado alcohol-, cientos de personas bailan y hablan de promesas de futuro, sueños y caminos recorridos o por recorrer. El idioma no es obstáculo cuando en los ojos luce el brillo de la emoción. Un lugar de cuento, diseñado por y para la locura, la fantasía, los sueños y delirios de sus habitantes -aunque sólo lo sean por unas horas y gracias a una pulsera naranja de procedencia sospechosa que acredita su dudosa, pero real al fin y al cabo, presencia en la lista de los elegidos-. Cuestión de privilegios; como todo, como siempre. Y contra ellos, los descarados, como en este caso yo. Y en medio de aquel oasis de ocres y verdes sobre un mar azul, el lujo se respira entre carteles de "se mira pero no se toca" y "mírame porque nunca me tendrás". Un lugar donde las curvas se encuentran por doquier, ya sean en su versión de cemento o en la de carne y piel. Una estética cuidada, sublime, de formas sinuosas y trazados imposibles. A las espaldas, una colina poblada de árboles y plantas de todos los colores y fragancias; al frente un mar abierto teñido de luna y veleros anclados a la espera del sol siguiente. Y entre ambos el retiro de un grande de la moda que abrió las puertas de su palacio a unos pocos acostumbrados y a otros muchos fascinados como toda primera vez. Contagiado por la magia del lugar y embriagado por la noche y el deseo de no llegar a despertar, exprimo al máximo la oportunidad y recorro sus pasillos por si jamás los volviera a pisar.

Y es que Sucede Que Hoy estuve en casa de Pierre Cardin en Cannes...

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La Vida


¿La Vida?


Para unos tanto...para otros tanto más...



Y es que Sucede Que Hoy vi el lujo de cerca y pensé...

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Te Quiero, Sin Miedos

Tan lejano como que entre los dos existe una frontera que nos separa, pero tan próximo y cálido como el que siempre soñé con darte y nunca llegó salvo para regalarme el primer beso. Hoy quise abrazarte y lo hice, aunque mis brazos no rodeasen físicamente tu cuerpo. No sentí tu pecho contra el mío, ni tu pelo se enredó en mis labios, ni sentí tu respiración en mi cuello erizándome la piel. Sin embargo sí que sentí tu corazón latiendo en la distancia, pude ver la sonrisa en tus labios y experimenté la intensa sensación de felicidad y bienestar de un reconfortante abrazo. Sin más amor que el que derrocho en amistad hacia ti, a pesar del poco tiempo; sin mas pasión que la que todo abrazo merece sea o no de amor; y con todo el cariño que te tengo. Un cariño puro y transparente que terminó por cobrar mas sentido que el amor apresurado y loco que nos invadió durante un largo y frío último mes de año. Te quiero, y lo digo sin miedos, sin frenos, sin temblores de lengua ni titubeo en los labios. Te quiero y más que nunca, porque una vez superado el frenesí he comprendido que lo nuestro es sincero y auténtico. Que vienes conmigo a todas partes sin necesidad de desplazarte a mi lado; que siento que me has robado un trozo de alma y a la gente que consigue eso no puedo sino brindarle todo mi cariño. Te quiero por eso y por todas otras tantas cosas más. Pero lo importante no son esos motivos, sino los que me llevan a poder decírtelo sin tapujos. Te quiero sin miedos, sin vergüenzas y sin pretensiones, porque lo importante es que dejé de quererte "para" y comencé a quererte "como": como un alma gemela.

Y es que Sucede Que Hoy senti tu abrazo en la distancia...

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Cannes

La Costa Azul francesa me espera. Pasaré los próximos siete días en Cannes, asistiendo al mejor festival de Publicidad del mundo. Seminarios, talleres, charlas, conferencias...pero también playas, sol, turismo, amigos... Y todo esto en mitad de exámenes. Pero qué se le va a hacer. Las oportunidades o las aprovechas tú, o alguien lo hará por ti. Además todo sabe mejor cuando es a consecuencia de un éxito personal. La recompensa al buen trabajo y al esfuerzo. Intentaré escribir desde allí, a pesar del poco tiempo libre del que dispondré. Gracias a todos los que todavía entráis cada noche, o cada día, en busca de nuevas historias. Y que siga la magia de las letras...

Y es que Sucede Que Hoy viajo a Cannes...

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Hoy

He pasado más de mil días con sus mil lunas esperando a que volvieras. Mil días con sus mil lunas sentado frente a la ventana para verte girar la esquina y bajar a tu encuentro. Y hoy al fin regresas. Pero llegas cambiada. Eres otra. Ni siquiera recuerdas mi nombre, ni mi voz, ni mis ojos. El tiempo y la distancia te han cambiado. Ya no eres aquella chica ingenua y alegre que me regaló el primer beso. En nada te pareces a la dueña de aquella sonrisa que me hacía despertar cada día. Te fuiste en busca del sur y perdiste el norte. En tus manos ya no siento la calidez y el pulso de tu corazón como cuando estaba sintonizado con el mío. Tu rostro, tu pelo, tu cuello. ¿Qué ha sido de ti, niña? ¿Qué ha sido de ti? Mil días con sus mil lunas esperando para esto. Para este (des)encuentro. La de noches que me giré sobresaltado en busca de tu cuerpo entre las sábanas y me venció el desvelo al reconocer que ya no estabas allí. El frío de tu parte de la cama ha sido mi única amante desde tu partida. Te he guardado todo el respeto, incluso después de perderlo el día de tu adiós. Mis labios siguen sin probar otros besos. Mi cuerpo sigue siendo virgen de otras manos. Te diría que hasta mis ojos no han dejado de mirarte sólo a ti en este tiempo. Pero ahora no me reconoces. ¿Qué te han hecho, niña? ¿Qué te han hecho? ¿Quién te ha robado el ser? ¿Quién te ha extirpado el alma? Mil días y sus mil lunas esperando a que volvieras y hoy que has vuelto desearía no haberte encontrado, pues era más dulce la espera, que el amargo trago de saber que ya me has olvidado.

Y es que Sucede Que Hoy una canción me transportó...

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A Tu Encuentro

La lluvia va borrando las marcas de las ruedas sobre el asfalto tras de mí, ocultando el rastro que dejo mientras acorto la distancia que me separa de ti. Voy a buscarte, a encontrarme contigo bajo esta lluvia inesperada. A pisar lo charcos y reír como cuando la edad nos lo permitía, para así estar más cerca de la época de nuestro amor. Bendita juventud, bendita ingenuidad, maldita separación entre imposición y libertad. Mientras me acerco recorro las calles que paseamos juntos y la lluvia ahora parece limpiar el polvo que oculta nuestras huellas después de los años y rescata nuestros pasos entre adoquines que pisamos una y otra vez. La ciudad está desierta. Todos duermen, o se cobijan, o se atrincheran ansiosos frente a su televisor a la espera del beso final de la película. Los protagonistas somos tú y yo, espontáneos, actores improvisados filmados por la luz de un relámpago. Ya me acerco al lugar, al punto exacto donde he de encontrarme contigo en la oscuridad, aunque todavía no lo sepas. Será llegar, cerrar los ojos y esperar a que vengas, porque sé que vendrás. No tengo dudas, nunca fallas. Sólo dos calles, igual de mojadas que las primeras me separan de ti. Al fin llego. Apago el motor, entro en casa y abro la cama. Ya es cuestión de segundos.

Y es que Sucede Que Hoy volviste en sueños...

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Dilema

Siento, aunque a veces también pienso.
Pienso, aunque a veces también siento.
Lo primero mientras pienso.
Lo segundo mientras siento.
Pienso y siento al mismo tiempo.
Aunque a veces también miento.

Y es que Sucede Que Hoy sólo jugué con las palabras...

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Ya Se Acercan

Un goteo ininterrumpido y constante me mantiene en vilo mientras la luz de la farola atornillada junto a la ventana parpadea al compás alumbrando la estrecha calle sólo a medias. El paisaje es tétrico. La noche oscura y pesada. El calor me pega a las sábanas y de vez en cuando escucho pasos que se acercan por el pasillo y más tarde se alejan en busca de su alcoba. Sobre la silla, situada junto a la cama a modo de mesilla de noche, descansa boca abajo el álbum de fotos entreabierto. Tac, tac, tac, tac... Malditas cañerías. El sonido de la nieve del televisor desintonizado se ha convertido en silencio; el mando a distancia hace de cuña debajo de unas de las patas del armario destartalado y no me siento con fuerzas de levantarme para apagar el viejo trasto directamente del botón. Entretanto mis ojos se hipnotizan y creen adivinar formas entre el granulado gris de la pantalla. Un rostro, un árbol, una mano. Nada de aquello es real. La realidad perdió sentido hace varias horas. Me abandonó en el momento previo al desconcierto. Yo no quería. Yo no quería hacerlo. Todo ocurrió tan deprisa. Yo no quería y sin embargo lo hice. Y ahora aquí estoy. Recluido en un cuchitril con las paredes forradas de papel amarillento por el humo de los tantos cigarrillos que se han fumado entre ellas. Preso en un sentimiento de culpa que ya nunca me abandonará. Yo no quería, lo juro. Ese no era el plan. No era lo que habíamos acordado. Qué fácil es perder los papeles. Qué imposible sobrevivir después al arrepentimiento. El corazón se me acelera al escuchar a lo lejos las primeras sirenas. Ya se acercan. Ya se acerca; mi final se acerca.

Y es que Sucede Que Hoy cambié de registro...

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Encuentro Lejano

Al fin había llegado el viernes. La semana había sido dura y nada tenía más valor entonces que los dos días que había por delante para desconectar del estrés laboral. Serían poco más de las cuatro de la tarde cuando, dispuesto a liberar tensiones y respirar aire puro, salió de la habitación compartida de la residencia en la que vivía desde hacía un mes, en una ciudad que siempre le había fascinado y que aquel verano se había convertido en su hogar. Se dirigió hacia uno de los tantos parques con los que contaba aquella urbe y, después de los estiramientos de precalentamiento, comenzó a correr entre las familias que paseaban con sus niños, los ancianos que conversaban en los bancos, las ardillas que correteaban curiosas entre la hojarasca y los otros tantos que, como él, se habían tomado aquella tarde de viernes como momento de relax y deporte. Mientras recorría los carriles improvisados de aquel lugar y se cruzaba con la gente, comenzó a recordar a todos los que había dejado atrás, en su ciudad, hacía ya más de un mes. Familia, amigos, conocidos... Hace falta irse fuera para valorar lo que se tiene. Y conforme las diferentes imágenes se sucedían en su cabeza casi al mismo ritmo que su respiración acelerada, un rostro se coló en su mente con tal grado de realidad que por un momento creyó estar viendo a aquella persona físicamente. Fue un golpe de vista, un cruce fortuito de miradas con una chica que caminaba con aires de turista perdido por aquel inmenso laberinto. Había sido un vistazo tan fugaz, que ni siquiera reaccionó a tiempo para detenerse a comprobarlo. Simplemente siguió su marcha y pensó que aquel parecido había sido simplemente eso. Así que continuó a su marcha pero pronto se dio cuenta de que las imágenes ya no se sucedían en su cabeza. Como un engranaje encasquillado, la sucesión de rostros se había quedado bloqueada justo con aquel que creía haber reconocido en la turista perdida. Creyente como era de las casualidades y las causalidades, supo que aquello era una señal y que tenía que volver para cruzarse con aquella persona de nuevo. Dio la vuelta sobre sus pasos, aumentó el ritmo y la sobrepasó, con la intención de pararse a cierta distancia de ella para verla venir y comprobar si era o no de frente. Disimuló realizando de nuevo estiramientos conforme la joven se acercaba y, cuando ya la vista le permitió definir contornos y reconocer la figura, se le dibujó una sonrisa en la cara y no pudo contener su emoción.
- ¡No me lo puedo creer!

Y es que Sucede Que Hoy espero que este sí lo entiendas...

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¿Todavía?

¿Todavía recuerdas mi nombre? Vaya, qué sorpresa. Y cuéntame. ¿Aún guardas algún secreto de nuestro amor? ¿Algún recuerdo? ¿Alguna fotografía? ¿Algún sueño incontrolado en el que aparezco de pronto en un plano secundario? Dime, ¿cómo te fue después de todo aquello? ¿Te salió la jugada como creías? Porque tenías jugada, ¿no?. Bueno... qué pregunta. Supongo que la respuesta a todo lo anterior es un . Pero también supongo que la respuesta a todo lo anterior es un no. Porque durante aquel tiempo yo creía cosas que al final resultaron no ser. Y lo que me negaba a creer resultó ser. Así que ahora estoy en una situación similar. ¿Sí? ¿No? ¿Sí pero no? Seguramente me responderías esto último. -Sí, sí, recuerdo tu nombre, sí todavía guardo secretos de nuestro amor, recuerdos, fotografías y sí, sigues paseando por mis sueños y no en planos tan secundarios. Pero no, no me tomes en serio, yo no he dicho nada de todo lo anterior, yo no, yo no, yo no. ¡Ay! ¡O sí! ¿Qué sé yo? Mira, escúchame. Lo haga o no lo haga, nada va a cambiar. Yo seguiré con mi vida. Tú seguirás con la tuya y todo lo que vivimos seguirá siendo parte de nuestra memoria. Al menos de la mía. Porque sí, mira. ¡Estás en ella! Me persigue tu recuerdo. Me acuerdo de ti cada día. ¡Te echo de menos! Y esta lágrima que me cae es de rabia. De la rabia que me da que me preguntes esto y me hagas darme cuenta de que cometí un error. De la rabia que me da la rabia que me doy.

Y es que Sucede Que Hoy conversé con(s/m)igo mism@...

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Don Quijote De Hojalata

En un reino de madera y papel habita un noble caballero de escudo, lanza y fe. De hierro trabajado por manos de soldador, sobre la última estantería de la librería un Quijote artesanal espera paciente la hora de ser transportado a su nuevo hogar. Durante años, su diminuto cuerpo de metal se ha impregnado del olor vetusto de aquella casa a la que un día llegó de manos de quien lo había creado forjando con maña los restos de un navío encallado en el malecón. Con la punta de su lanza apunta a un cielo que siempre estará estrellado. Con sus pies de hojalata recuerda la tierra que pisó para llegar hasta su reino. En su escudo todavía quedan restos de la guerra contra el tiempo que declaró sin aliados, una tranquila tarde de verano en la que los rayos de sol entraban a sus espaldas por el balcón. Y en su alma tejida con soplete y sudor se encuentra la esencia eterna de su creador. La esencia que habrá de llevar consigo el día en que cambie de manos y comience su andadura en otro reino también de madera y papel, en otros lances que por sentencia le fueron asignados años atrás. Descenderá lentamente de su hasta ahora hogar, envuelto en paños de seda blanca cuidando su piel, y viajará en volandas hasta su nuevo lugar. Será el día en que el sol se ponga definitivamente para quien fue su artífice y una parte de su alma se reencarne en el hierro que entreteje la figura noble y erguida del ingenioso caballero don Quijote de Hojalata. Hasta entonces seguiré disfrutando de las conversaciones y las tardes con el ilustre Miguel de Cervantes que cambió la pluma por la llama y la tinta por la fundición.

Y es que Sucede Que Hoy volví a ver el futuro legado...

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¿Te Acuerdas?

¿Te acuerdas de los días en los que ocupabas cada segundo de mi vida? Las largas noches en las que te quedabas a mi lado, fielmente, colándote en el mundo de los sueños por la ranura de mis párpados, justo antes de caer vencido. O de aquellos largos paseos de tu mano, tan próximos el uno del otro, tan cercanos como para que ni siquiera el aire frío del invierno se colara entre los dos. Y las tardes eternas, sentados en los bancos del parque mientras observábamos pasar la vida. ¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas de todo aquello? Los días en que llegábamos a unir el sol con la luna entre las sábanas revueltas de mi habitación. Las noches en vela uno junto al otro, cogidos fuertemente de la mano dejando escapar suspiros. Y las tantas hojas que escribí por ti, por mí, para mí, nunca para ti. Infinitos renglones en pretéritos imperfectos. Los veranos interminables en los que no nos separábamos ni un solo segundo a lo largo del día. ¿Lo recuerdas? Estábamos tan unidos por aquel entonces. No podía imaginar mi vida sin ti. El presente se construía entonces a través de los momentos que pasábamos juntos. El mundo giraba por ti, mis días sólo transcurrían por ti y mis ojos... mis ojos sólo sabían llorar por ti. ¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas, amiga melancolía, de cuando tú eras el centro de mi vida? Ha llovido desde entonces y la lluvia ha borrado tu huella. El sol ha secado los charcos y la luz ha penetrado de nuevo. Lo que un día fue futuro se convirtió en presente, después en pretérito imperfecto y hoy por fin logró la perfección.

Y es que Sucede Que Hoy hice balance...

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San Sebastián

Viajo al norte dispuesto a encontrarlo no tanto sobre los mapas, como sí en mi interior. Recuperarlo, volver a ser lo que la velocidad del tiempo me ha impedido en los últimos meses. San Sebastián me espera llena de publicidad y lluvia -parece que el único sol que veré será el del logotipo del Festival-, pero con los brazos abiertos dispuesta a convertirse en el retiro perfecto para pasar los próximos cuatro días. Desconexión, nuevas relaciones sociales, paraíso de silencio y soledad pretendida. Un respiro de aire puro a la orilla de La Concha. Una ciudad desconocida, en un ambiente que cada día empieza a serlo menos, rodeado de buenos trabajos y con el hada de la inspiración volando alrededor de mi cabeza. Apertura de mente y sentidos a través de un viaje físico de 600km y otro interno de muchos más. A la caza de la paz, del crecimiento. Recorrer lugares por los que mis pies todavía no han dejado huella e ir completando mi particular empeño por pisar todas las aceras posibles del planeta, en un viaje sin fronteras que me lleve de norte a sur, de este a oeste, de continente a continente. Continuo en mi empeño. Mañana será otro punto más a marcar con una chincheta en el mapa y eso es motivo suficiente para sentir satisfacción. Los caminos existen para ser recorridos. Dame mundo que yo lo devoro.

Y es que Sucede Que Hoy me marcho a San Sebastián...

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Ángel De Compañía

Y de pronto apareciste a mi lado, como un regalo anónimo que habría de llegar para calmar la sensación de soledad en aquella última fila del anfiteatro. Con el recital comenzado, las luces apagadas y casi todas las localidades ocupadas por gente que desconocía, mi idea de que iba a pasar las dos siguientes horas ocupando aquella solitaria silla de plástico en la parte más alta y olvidada del auditorio se confirmaba. No podía quejarme, al fin y al cabo había conseguido colarme y finalmente iba a tener la oportunidad de estar allí, después de todo el esfuerzo. No importaba estar alejado de quien me acompañaba, ni siquiera ocupar una silla endeble y coja aunque el resto de personas a mi alrededor estuviera cómodamente sentada en butacas de cuero acolchadas. La ocasión bien merecía aquel pequeño suplicio. Sin embargo lo que peor llevaba era lo de verme apartado del mundo, preso en una fila olvidada y desangelada. Sin posibilidad de contacto, sin compañía, sin aplausos cercanos. Sólo los míos resonaban con eco mientras escuchaba de lejos el sonido acompasado de tantas y tantas manos chocando al unísono. Pero de pronto apareciste. Fue como una visión, como si alguien hubiera estado escuchando mis quejas internas y te hubiese traído aquí, justo a mi lado, como la aparición de un ángel. Me sonreíste al acercarte a preguntarme si estaba ocupada la silla de mi lado y yo no pude sino devolverte aquella sonrisa diciéndote que no, que estaba libre, mientras en mi cabeza eran muchas más las palabras que se amontonaban. [...¿Ocupada? Es toda tuya. Estaba esperándote. Si supieras que te llevo imaginando un buen rato ocupando ese lugar...] Todavía sin desdibujar la dulce sonrisa de tu rostro volviste a hablarme: ¿Lleva mucho? ¿Llego muy tarde? Y de nuevo una respuesta real breve, pero otra prolongada que sólo tuvo lugar en mi mente. No, tranquila. Sólo lleva una canción. [...¿Tarde? ¿Tarde? Has llegado a salvarme de la soledad, no importa cuándo. Lo importante es que aquí estás a mi lado, regalándome el olor del perfume que desprende tu cuello. Quisiera atreverme a hablarte. Quisiera atreverme a besarte. Quisiera, pero no puedo...] Has llegado a tiempo -dije. Y entre canción y canción te miré disimulado y agradecí tu presencia y hasta el hecho de haber ocupado aquella última fila, más feliz incluso que de haber estado en la primera del patio de butacas.

Y es que Sucede Que Hoy recordé una aparición mágica...

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Shakespeare & Co.

El sonido del agua penetraba sigiloso por la ventana aquella noche de verano en la que Whitman despertó desasosegado de un sueño intermitente que no le dejaba descansar. Acompañado por la luz blanca de la luna que brillaba por encima de la majestuosa Notre Dame, fiel compañera nocturna en los incontables desvelos de quienes habitaban en aquel lugar mágico, Whitman abandonó su viejo colchón y avanzó algunos pasos, lento caminar de anciano, hacia la habitación en la que cada domingo por la tarde reunía a gente de todo el mundo y les invitaba a una taza de té, mientras conversaban en un ambiente bohemio y literario rodeado de volúmenes polvorientos y fotografías en blanco y negro colgando de unas paredes descascarilladas. Atravesó la cocina y la sala ahora sólo ocupada por uno de los inquilinos anónimos que dormía plácidamente enfundado en su saco de dormir rojo, sobre un sofá que horas más tarde serviría de estantería para nuevos libros. Cruzó la puerta que daba al rellano y se asomó a la ventana a contemplar la noche parisina. Una joven pareja paseaba a orillas del Sena cogidos de la manos hacia lo que seguramente sería el broche de oro a una velada de amor. Whitman recordó su juventud y reconoció sus pasos en los de aquel joven ardiente de deseos que sentía como se acercaba el momento de la desnudez. Y mientras contemplaba el reflejo de la luna sobre las aguas calmadas del río escuchó un sonido a su espalda. Pensó en su gato negro, pero se equivocaba. Al girarse comprobó que, sentado en las escaleras, con su Moleskine sobre las rodillas, un joven de apariencia latina le sonreía mientras sostenía su estilográfica en la mano derecha. "Esta vista me inspira"- dijo. George Whitman sonrió, se acercó hasta el joven y le dijo: "Pequeño ángel, que nadie se atreva nunca a tratar de apagar la luz que emerge pura de tu alma". Después de pronunciar estas palabras, pasó su arrugada mano entre los rizos oscuros de aquel joven plagado de sueños, y se retiró de nuevo a su alcoba, en un rincón de aquella pequeña biblioteca de Alejandría parisina.

Y es que Sucede Que Hoy regresé al universo Shakespeare&Co...

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Te Regalaré El Cielo

-Te regalaré el cielo el día en el que un arco iris intenso atraviese con sus colores vivos los tejados de la ciudad -le había dicho una noche lejana, la primera vez que visitaron París, mientras cenaban deslizándose suavemente por el río Sena. Y lo había dicho confiado en que tal día llegaría, como tantas veces lo había dibujado en sueños. -Te rodearé por detrás con mis brazos, apoyaré mi barbilla en tu hombro y juntos miraremos al horizonte teñido de colores pastel, mientras te susurre al oído la canción que siempre nos unió. ¿Te acuerdas? You are the reason why, my love, my life, my everything. You are the reason why I believe in God, I believe in love, I believe in peace. Y lo pondré a tu nombre porque sólo tú serás dueña digna para un paraíso como aquel. Un reino a la medida de tu perfección. Y habitarás en él en los días de verano cuando la distancia nos separe y encontremos entre nubes el rincón para sentir de nuevo nuestros besos. Será como ser los dueños de todo lo que nos rodea, enfrascados en una realidad eterna en la que podremos encender de nuevo las cenizas de un amor que nunca llegó a apagarse. Como una escalera directa al olimpo cósmico subiremos por el arco iris hasta atravesar la cortina de vapor y observaremos desde las alturas el mundo que dejamos atrás aquella noche en la que te juré mi amor, mientras las velas iluminaban el mantel rojo de la mesa abordo del bateau silencioso una noche primaveral en París. "Te regalaré el cielo el día en el que un arco iris intenso atraviese con sus colores vivos los tejados de la ciudad", te dije. Mira el cielo hoy. ¿Lo ves? Es tuyo.

Y es que Sucede Que Hoy recordé el arco iris de París...

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A Doce Mil Metros De Altitud

Nunca había escrito estando a doce mil metros de altitud. Pero es una sensación excitante. La tinta del bolígrafo resbala sobre el papel con un trazo más agudo del habitual. Los nervios nunca llegan a dominarse del todo. El sonido de los motores se convierte en rutina y termino por tomarlo como silencio, como ausencia de ruido. Pero entonces llega el carrito por el pasillo empujado por una vendedora del teletienda disfrazada de azafata de vuelo. Es lo que tiene volar con compañías de bajo coste, que te venden hasta el aire. Compañías aéreas, digo, que no quien me acompaña. El último sol de la tarde penetra por la ventanilla de mi lado e ilumina estas páginas. París se queda atrás, pero los recuerdos me acompañan. Y lo hace también la sensación de que será esta una ciudad a la que volveré en diversas ocasiones. Tal vez por trabajo, puede que por viaje familiar, o en pareja, o solo en una escapada exprés. Sin embargo siento que ninguno de los motivos anteriores es el definitivo. ¿Y si volviera a París dispuesto a habitar una pequeña buhardilla de Montmartre, en la que día tras día despertara dispuesto a continuar con mi novela? No existe en el mundo lugar más inspirador que aquellas calles adoquinadas, sus casas desiguales con flores en los balcones, el verde de los árboles centenarios, el legado de tantos y tantos artistas que encontraron en aquella colina su particular musa inspiradora de letras, trazos o partituras. Volveré algún día, y lo haré para quedarme por un tiempo; el que me lleve impregnarme del arte bohemio que se respira en las calles de París, hilvanando páginas y páginas de una novela con sabor a amor. Y mientras espero el día en que ocurra, me conformo con soñarlo, aunque sea entre nubes esponjosas a doce mil metros de altitud. Vuelvo a casa.

Y es que Sucede Que Hoy escribí en el avión...

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Tormenta en Montmartre

Si ha de matarme un rayo
que sea en esta bohemia colina,
pues es más digna la muerte,
que una vida sin las calles
de Montmartre recorridas.


Y es que Sucede Que Hoy llovió pero no importaba...

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And The Winner Is...


And the winner is...
SI!!! HEMOS GANADO!!


Y es que Sucede Que Hoy viajo a París a la gran final...
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La Piel De Mis Huesos

Acércate hasta rozar con tu melena la piel de mis huesos. Que sienta en mi interior el fuego de tu sangre fusionarse con la mía y bombear juntos un mismo corazón. Quiero saber qué escondes detrás de esa sonrisa de pose estudiada. Conocer a qué saben los ecos de tus besos cuando ya te hayas marchado. Sentir que te llevo adentro porque tu mirada traspasó mis ojos. Y querer que tus manos acaricien mis esperanzas con la suavidad con la que ahora juegan con tu pelo. Que los ojos claros ocultos detrás de la sombra que los rodea se reflejen en el espejo donde nos miramos el alma. Un alma que aclama con alaridos sordos un silencio cara a cara entre los dos. Deseo pasar mis manos por tu espalda desnuda sin llegar a tocarte y desprender pasión por ellas hasta tatuarte en brasas la razón de mis desvelos. Hacerte saber que inspiras, agitas y ensalzas un corazón devoto de tu aura. Mirarte, tocarte y callarte con un beso sedante hasta caer rendida en mis brazos por el veneno. Y entretanto robarte el sueño. Jugar a ser el duende que escarba entre tus recuerdos. Pintar de blanco el mapa del tesoro de tu cuerpo. Matarte. Matarte a deseos. Matarte a deseos de fervor y ardiente celo, mientras susurras travesuras y retas al tiempo en su transcurso pasajero. Acércate hasta rozar con tu melena la piel de mis huesos. Acércate y escucha los latidos de mi pecho. Te llaman. Te buscan. Te esperan. Ahora decide, ¿empiezo a besarte o empiezas?

Y es que Sucede Que Hoy ¿Qué Sucede Hoy? Deseos...

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Tras El Telón

Ya se escuchan las voces de la gente que va terminando de tomar asiento. Asomo la cabeza desde detrás del escenario y observo que la sala está a rebosar mientras respiro profundamente para calmar los nervios previos a la salida. Por momentos me siento como el actor de teatro que espera a que el telón se levante para salir a escena. O como el cantante que va a dar un recital delante de miles de caras que no conoce y sin embargo van a estar pendientes de su actuación. Doy pequeños saltos y trato de soltar los músculos al tiempo que una voz anuncia que en dos minutos dará comienzo la conferencia. Me abrocho la chaqueta, realizo movimientos circulares con el cuello y cierro los ojos esperando encontrar la tranquilidad en la oscuridad. Vamos, vamos, vamos. Vete acostumbrando -pienso. Pero siempre es difícil al principio. Detrás de mí, mis compañeros esperan igual de excitados a que definitivamente nos presenten y salgamos a exponer nuestro proyecto. Unos rezan, otros chillan. Ya se escuchan los aplausos. Todo va a comenzar. Vamos, ahora sí, demuestra quién eres. Un par de respiraciones profundas más y escucho el nombre de nuestro equipo. Es el momento de salir. Al otro lado, un público desconocido y un jurado expectante aguardan el momento de nuestra aparición. Alea jacta est -pienso. Adelante, ya es tuyo.

Y es que Sucede Que Hoy me adelanté al viernes...

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Primavera Descosida

Pido otro whisky mientras el pianista sigue amenizando la noche con canciones de jazz acompañadas por un saxo. Y ya van tres. Tres whiskys digo, que no tres canciones. La luz de las velas de las mesas se funde con el rojo que desprenden las bombillas del techo creando una atmósfera similar a la de un burdel de carretera. El humo de los cigarrillos sube por las paredes del local y se acumula en el techo formando una nube gris opaca que se impregna en la ropa y el sonido de los hielos dando vueltas en los vasos se turna con el de sonrisas extrañas y ajenas que se clavan como un dardo en mi frente. No estoy para risas. Nadie debería estarlo. ¿Acaso no se dan cuenta de lo que nos espera a todos? La gente es tan ignorante a veces... Ya ha caído el tercero casi de un trago, pero mi cuerpo y sobre todo el pesar de mi alma reclaman más alcohol. Beber para no ver. Para no afrontar la realidad que se avecina. Primavera descosida. Tócala Sam -pienso mientras observo las manos del pianista deslizándose con suavidad sobre el teclado. ¿Sabrá él lo que está ocurriendo ahí afuera y a pesar de ser consciente cumple con su trabajo? Tócala Sam y hazme olvidar las penas, incluso las que están por llegar. Hace calor. Los ventiladores del techo están parados. Tan parados como los que tuvieron la oportunidad de detener esto pero no hicieron nada para evitarlo. Me desabrocho el cuello de la camisa y apoyo el vaso frío contra mi garganta. Total, ya no la necesitaré para gritar contra nadie. Mi voz no volverá a ser escuchada después de esta trágica noche. Ni la mía ni la de ninguno de los que estamos aquí, encerrados como ratas de laboratorio. Tres parejas bailan despreocupadas en el centro de la pista con sonrisas dibujadas en sus rostros. Definitivamente aquí nadie es consciente de la realidad. ¿Cómo si no esas risas? ¿Cómo tanta falta de escrúpulos? Apuro las dos últimas caladas de mi cigarrillo y el último sorbo de whisky. No bebo ni fumo, pero cuantas menos cosas deje sin probar antes de morir, mejor. El suelo empieza a temblar. Los tanques están llegando.

Y es que Sucede Que Hoy una canción me trasladó...

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Testigo De Guerra

El sonido de una explosión hizo que despertara sobresaltado. En un acto reflejo, estiró las sábanas cubriéndose hasta la cabeza como si aquel trozo de tela hubiera de salvarle de la metralla. Pasado el primer segundo y analizado el absurdo que siempre necesita de una milésima de más para ser digerido, miró la hora en su reloj. Lo llevaba puesto siempre, incluso mientras dormía, al igual que los zapatos. -Uno nunca sabe cuando va a tener que salir corriendo -le dijo una vez su compañero en el primer conflicto que le tocó cubrir cámara en mano. Desde aquel día Ricardo siempre recordaba la frase justo antes de irse a descansar las horas que la situación le permitieran. Hoy todavía no llevaba ni tres seguidas cuando la explosión le hizo abrir los ojos espantado. Había sonado cerca, muy cerca del hotel de mala muerte en el que llevaba ya más de tres semanas viviendo. O malviviendo; vivir es un verbo demasiado noble para tiempos de guerra. Así que, una vez consciente de la realidad y de que aquellas sábanas no le protegerían de las balas o los escombros por más que se cubriera el cuerpo entero, se incorporó rápidamente, se colgó la cámara al cuello y se asomó a la ventana de la habitación que le había conseguido el medio de comunicación que difundía sus crónicas y publicaba sus fotografías. Mientras buscaba con la vista el lugar exacto de la explosión, un nuevo estruendo le hizo encogerse de hombros y entornar los ojos. Un pitido agudo comenzó a resonar en el interior de su cabeza. Aquella segunda bomba había estallado delante de su propio hotel. Se echó hacia atrás y cogió lo imprescindible antes de echar a correr escaleras abajo dispuesto a salir a la calle a ser testigo con su Nikon de aquella masacre civil sin pretexto. Nada más bajar captó la mirada aséptica de un niño acostumbrado al dolor que se alejaba sin prisa del lugar, como indiferente ante aquel tipo de situaciones, tal vez demasiado cotiadianas en su corta vida como para causarle impresión. El alba despuntaba y el bando sublevado había decidido despertar a la población con aquel alarde de cobardía. El día de hoy sería largo o, al menos, eso es lo que esperaba, pues el hecho de no serlo sería mala noticia para él en el momento y para su familia unas horas más tarde. La guerra se recrudecía mientras su vocación y entrega en la denuncia del conflicto aumentaba, aportando la visión crítica que sólo una pequeña parte de la sociedad le agradecía desde sus cómodos sillones.

Y es que Sucede Que Hoy quise brindar homenaje a los corresponsales de guerra...

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Buon Giorno Signorina!

Sentado en uno de los tantos puentes que atravesaban de lado a lado los canales de la ciudad, Gio observaba el amanecer mientras sus pies, que colgaban entre los barrotes de piedra, se movían con alegría al compás de sus silbidos. A lo lejos, sobre los cristales de las ventanas, comenzaba a reflejar tímido el sol anaranjado de la aurora. Las primeras góndolas se deslizaban silenciosas por las tranquilas aguas cargadas de fruta, pescado y hortalizas que poco después serían vendidas a los más madrugadores. Como Leonor, la joven que cada mañana salía con su perro a pasear y aprovechaba para realizar las primeras compras; o Francesca y sus alegres andares de camino a la panadería; o Marcela siempre tan contenta a pesar de las horas. Una a una, Gio les saludaba deteniendo su melodía para decir efusivo un Buon Giorno Signorina! que la mayoría de las veces recibía una cálida sonrisa como respuesta. No había mejor manera de comenzar la jornada para Gio que aquellos amaneceres silenciosos en los que sólo alguna gaviota rompía el sigilo con su particular forma de agradecer un día más la luz. Y a pesar de que Gio disfrutaba cada día con algo tan sencillo como sentarse a contemplar el amanecer y saludar cada día a las mismas personas en su rutina desde el puente que terminó por ser conocido en la barriada como "il Gioponte", era sólo el sábado, cuando apenas el sol rayaba el horizonte, cuando Gio era realmente feliz. Después de una semana entera acercándose cada mañana a buscarla por si en aquella ocasión llegaba con antelación, Gio contemplaba pasar por debajo de sus piernas la elegante góndola con terciopelo granate y flores que transportaba a Sofía, la hija del más célebre mercader de toda Venecia que, como cada fin de semana, era llevada a casa desde la escuela interna en la que adquiría destreza musical, a pesar de que no había música más bella que la que suscitaba su mirada de ángel.

Y es que Sucede Que Hoy mi mente volvió a Venecia...

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Renacer

Como preso recién absuelto se siente al fin la libertad del espíritu. Los amarres que anclaban un sentimiento se desprenden dejando navegar a un corazón que durante un tiempo estuvo siendo reparado en puerto. Y cuando las grietas ya han desaparecido es lanzado de nuevo al mar para continuar su travesía. Se siente ahora liviano el que hace poco creía haber echado raíces en su propia penuria. Sonríe ahora el que suspiraba desarraigado de sí mismo. Camina de nuevo el que había estado durante tanto tiempo estancado. Y como en el renacer del día siente que un nuevo ciclo comienza en su vida. Retoma posiciones, define estrategias y prevé posibles desvíos tan inevitables como necesarios, para tomar las decisiones correctas en el momento en que lleguen. Se marca viejas metas quien las creía borradas por la confusión de la tormenta. Y mientras toma conciencia de su situación descubre que la felicidad se encuentra siempre y cuando se busque. Que no viene por sí sola y, cuando lo hace así, es porque será pasajera. El destino da las cartas que luego jugamos con libertad, pero hay quien cree que esperando correrá la misma suerte que el que busque cada día la verdad. No es más sabio el que más conoce, sino el que nunca se cansa de preguntar. Pues el aprendizaje es el camino que nos ha de llevar a la comprensión de la realidad. Y la meta no es saber como quien más, sino ser conscientes de que cuanto más sabemos, más nos queda por conquistar.

Y es que Sucede Que Hoy reorienté la brújula...

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Mirada Curiosa

En sus ojos grandes y rasgados del color de la tierra húmeda de las profundidades de la selva se intuía la curiosidad de un niño que descubre un mundo nuevo del que sólo tenía conocimiento a través del hilo telefónico cuando su madre, a miles de kilómetros y un vasto océano de distancia, le llamaba para decirle que estaba bien, que pronto volverían a verse. Después de largas y aburridas horas en un aparato que entendía más como una atracción de feria -como la que una vez al año llegaba en caravana a su pueblo- que como un medio de transporte, el pequeño aterrizó en una ciudad tan lejana de la suya que, a pesar de los intentos de la madre por situar el lugar, para él sólo había sido como un viaje en el tren de la bruja, pero sin globos de colores ni personas con máscaras. La emoción que sentía de estar viajando en un avión como los que a veces veía sobrevolando a lo lejos su poblado, unido a las ganas por conocer y ver al fin cómo sería aquel sitio del que mamá siempre decía que algún día le llevaría, habían conseguido que las casi doce horas de vuelo se sobrellevaran. Aunque no era consciente, en apenas media jornada su vida había dado un vuelco del que se daría cuenta conforme su ahora pequeño cuerpecito fuera ganando tamaño. A miles de kilómetros dejaba todo lo que había tenido hasta entonces para empezar de nuevo en un país al que la madre había llegado dos años atrás para ganarse una vida digna y plena. Una casi huida hacia el viejo mundo, el de las oportunidades, en busca de un sueldo que, pese a ser infinitamente más bajo del merecido, seguía siendo más de lo que tal vez habría ganado durante varios meses allá. Ahora, el pequeño viajaba por primera vez en tren, el que habría de llevarles hasta su nuevo hogar en un bloque de viviendas habitadas en su mayoría por gente como Julia y su hijo; personas a las que la vida comenzó tratando de manera injusta pero después de mucho esfuerzo y empeño consiguieron su oportunidad.

Y es que Sucede Que Hoy vi la curiosidad en sus ojos...

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Aquel Vestido Blanco

Por debajo de la tela blanca de aquel vestido habitaban suspiros y deseos que tejió la primera tarde en que la vio...
Era un martes de abril, con la primavera entregada al delirio de los días soleados. El lugar estaba repleto de gente que llegaba y ocupaba su sitio, se levantaba y volvía a sentarse, entraba y salía. En tercera fila, esperando a que una voz anunciara el comienzo, Diego Lombera preparaba el material para tomar algunas notas interesantes de entre lo mucho absurdo que diría quien ya ocupaba su sitio frente al micrófono. Por delante, las dos primeras filas permanecían vacías como solía pasar cuando en aquella sala se celebraba algún acto. La vergüenza. O el miedo a que cayera alguna pregunta a los que ocuparan las primeras butacas. Sin embargo, de pronto, ya con las primeras palabras del ponente y en mitad del silencio de cortesía que se le otorga a todo el que va a hablar -después ya depende de su discurso y su capacidad para retener la atención- entró una joven sola y ocupó el sitio de delante de Diego. Era Lucía Damaso, pero tardaría tiempo en conocer aquel nombre. A pesar de que Diego siempre alardeaba de no olvidar jamás un rostro, aquel del que ahora sólo llegaba a ver la nuca desnuda con la coleta caída hacia un hombro, no era capaz de situarlo. Lo cierto es que el primer vistazo le impactó. Aunque entonces no era consciente, en aquel preciso instante comenzó la historia de su locura de amor. Había caído en sus redes. Olvidó por completo la conferencia y las notas y utilizó el papel que apoyaba sobre la carpeta en sus rodillas para dibujar aquel cuello estilizado de piel morena sobre el que caía un cabello brillante y castaño. De vez en cuando comprobaba que la persona que ocupaba la butaca situada dos más allá de la suya no se percataba de su deseo en forma de dibujo. Terminó el ciclo de charlas que duró hasta el jueves de aquella semana y, aunque cada día Diego Lombera había vuelto a encontrar a Lucía Damaso perdida entre la multitud, no volvió a tenerla delante. Sin embargo, pasadas varias semanas desde aquel primer encuentro, la vio pasar con su vestido blanco, dejando entrever unas piernas bronceadas que le acompañaron durante el resto del día en su mente.

Y es que Sucede Que Hoy recordé aquel vestido blanco...

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La Vida Es Una Montaña Rusa

Salí a correr, o a buscarte, o a intentar encontrarme contigo por casualidad, o a ver si me perdía y aparecía de pronto en tu calle, ahora no lo recuerdo. En cualquier caso me equipé, salí y comencé a correr sin dirección. El ritmo cardíaco comenzó pronto a subir y palpitaciones como las que tantas veces tú me has provocado subieron por mi cuerpo hasta sentir como el cuello se hinchaba y se comprimía a cada respiración. El último sol de la tarde arañaba ya las cimas de las montañas próximas que dibujaban el paisaje por donde discurría y la luz anaranjada y tenue pintaba la escena de un intenso color. Por momentos creía que mis pasos eran los primeros en pisar aquel camino pues ni coches ni personas se cruzaron en todo el tiempo en que permanecí. Y mientras marchaba al trote sobre unas piernas cada vez más cansadas debido a los desniveles del terreno comencé a pensar. A pensar en ti, claro. En lo perfecto que aquel lugar me parecía para llevarte una noche fría a entregarnos calor, o una calurosa a desnudarnos con fervor. En la cantidad de rincones solitarios y apartados en los que parar el motor del coche y después del intercambio de besos, caricias y pasión tumbarnos a ver las estrellas y jugar a escribir con ellas la palabra amor. En los incontables bancos de piedra vírgenes de inscripciones en los que tallar a mano nuestros nombres dentro de un corazón. En lo bonita que era la cima del montículo desde el cual de noche se apreciaba toda la ciudad iluminada a lo lejos, como en un cuadro de Van Gogh. Y conforme mis piernas se enfrentaban a una nueva y pronunciada subida, comprendí que la vida era como el camino que estaba recorriendo; una montaña rusa de subidas y bajadas en la que por momentos cuesta ascender, pero después siempre viene un tramo en el que sólo te tienes que dejar caer.

Y es que Sucede Que Hoy salí a correr y te recordé...

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