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Tormenta de Verano

Madrid amaneció con las calles mojadas y un olor a lluvia y otoño que se levantaba en cada esquina. El cielo, encapotado, teñía de gris las calles iluminadas por las luces de los coches pisando charcos a su paso. La mañana despuntaba al final de la avenida, en el horizonte, mientras la piel erizada de mis brazos extrañaba tu calor, tus manos calmando el inusual frío de aquel día. Y con la madrugada todavía pegada en los lagrimales comencé a caminar con la extraña sensación de tenerte al lado, enfundada en tu abrigo marrón, con la capucha protegiéndote de la insistente lluvia y tu sonrisa tratando de hacer salir el arco iris. Aquel otoño improvisado te trajo allí, conmigo, dejándome la sensación de querer que volviera el frío para estar contigo. Sentía tu mano aferrada a la mía moviéndose adelante y hacia atrás poniéndole buena cara al mal tiempo, corriendo por los charcos como dos niños con botas de agua. Y recordé la vez en que nos sorprendió la tormenta sentados en aquel banco bajo el árbol milenario, abrazados, probando el sabor de la lluvia en tus besos. La tarde que comprendí que hasta el cielo envidiaba un amor tan puro y descargaba con furia su llanto, mientras nosotros, ajenos a todo, continuamos regalándonos sensaciones prohibidas.

Y es que Sucede Que Hoy la lluvia me hizo recordarte...
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Tuviste Que Llegar

Entre todas las ciudades del mapa tuviste que decidirte por esta. Todas las carreteras que podían alejarte de aquí y terminas por llegar justamente a esta calle, a este número, a esta habitación. Como si no existiera más mundo que este; como si el infortunio de saberme lejos no fuera ya suficiente. Pero no, aquí te tengo, justo frente a mí con esa sonrisa a medias que te hace todavía más indeseada. Pareciera que el destino se riera de mí o acaso que un halo de mala suerte rodeara mi figura en estas fechas de un calendario que no pasa los días a la velocidad habitual. Qué lentas las horas. Llegaste de pronto, sin aviso, sin ser invitada, sin ser deseada. Tu figura etérea suscita el peor de mis humores y provoca un dolor abrasante en la boca del estómago generándome náuseas. Detesto la sensación que logras encender en mi cuerpo. Si pudiera chasquearía los dedos y te haría desaparecer como por arte de la magia que ahora me niegas. ¿Qué hice mal? ¿Qué ha ocurrido, así, de pronto? Maldita melancolía, ¿por qué tuviste que llegar?

Y es que Sucede Que Hoy me invadió la nostalgia...
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Un Minuto de Retraso

Aquella mañana el tren, a punto de reemprender su viaje hacia la capital, se retrasó apenas un minuto que para alguien significaría toda una vida. Con el rocío todavía dibujando trayectos imposibles en las ventanas del vagón, a Adela se le pasaron millones de imágenes por la mente mientras el pulso se le aceleraba y una lágrima rodaba triste y fría por su mejilla. Desde afuera, Ernesto, su novio, le decía el último adiós con una mano afligida por el peso de la pena que le suponía saber que no conocía cuándo volvería a sentir entre sus brazos a la mujer que ahora se le escapaba a bordo de un tren que anunciaba su inminente salida. Ya con muchas lágrimas derramándose sin piedad por el rostro, Adela lentamente buscaba su asiento comprobando el número emborronado del billete que sostenía temblorosa recogiendo el llanto que sus ojos desprendían incapaces de soportar tanta carga emocional. Sin saberlo, en ese instante, estaba siendo el centro de atención de todos aquellos que todavía no se habían rendido ante el sueño en aquel vagón. Cuando al fin localizó su asiento, se paró frente a él, y el hecho de ver que el contiguo se encontraba vacío le provocó un sollozo que no pudo contener. Sin fuerza en los brazos trató de subir sin éxito la pesada maleta que cargaba equipaje suficiente como para no saber la fecha de su regreso. Si algo había incierto en la mente frágil y turbia de Adela era precisamente la idea de un regreso que ahora se antojaba lejano. Y mientras Ernesto ya se aproximaba cabizbajo de vuelta al coche, y arrancando con premura la maleta de las manos al hombre que se había ofrecido a ayudarle, Adela salió a toda velocidad de aquel vagón en el que ya nunca viajaría. Y gritando el nombre de Ernesto fue hacia él dejando atrás un tren que emprendía el viaje con un minuto de retraso; el que hizo que la aturdida cabeza de Adela tomara la decisión correcta a tiempo.

Y es que Sucede Que Hoy te vi entrar llorando al tren...
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¿Diseño Final?

Gracias a todos los comentarios que he ido recibiendo y a las modificaciones que he realizado conforme iba aprendiendo de tanto trastear, aquí está el resultado -casi- final. En pocos días, cuando reciba vuestro feedback y sepa qué os parece, comenzaré de nuevo a publicar relatos.

De verdad, muchas gracias a todos. La encuesta sigue abierta para que ahora, una vez modificado, expreséis vuestra opinión.

Y es que Sucede Que Hoy creo que al fin lo logré...
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¿Qué Diseño Te Gusta Más?

Como habrás visto, he cambiado el aspecto del blog. Un poco de renovación y aires más modernos. Y me interesa tu opinión. A la derecha tienes la encuesta, pero también puedes dejar tu comentario aquí y así conozco tu valoración.

Gracias y que siga sucediendo...
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En La Esquina De Los Mapas

El olor a tostadas recién hechas me sorprendió nada más salir de la ducha entre vapores que dibujaban el perfil de tus labios en el espejo empañado. Siempre me encantó aquella original forma que tenías de darme los buenos días. Todavía hoy, después de tanto tiempo, me pregunto en qué momento de la noche te despiertas para dejarlo todo preparado, sabiendo que a la mañana siguiente seré yo el primero en desprenderme de los restos de madrugada a fuerza de agua. Con la piel húmeda y la toalla enrollada al cuerpo, salí del baño y te vi sonriendo sin saberlo entre las sábanas de aquel hotel, como el que se siente descubierto in fraganti haciendo algo que no debía. Y con el mismo sigilo con el que cada noche te levantabas para regalarme el primer beso en forma de espejo empañado, abriste poco a poco un ojo mientras te apartabas el pelo de la cara marcada por las arrugas de la almohada. El amanecer de aquella ciudad se mostraba espléndido sobre tu piel dorada ocupando toda la cama. Un nuevo día comenzaba a despertar entre sonidos de gaviotas y olor a tostadas recién hechas. Por delante todo el tiempo para recorrer plazas y calles; por detrás los ecos de una noche envuelta en luna y olas, bañados por la magia de una cala solitaria en la esquina de los mapas.

Y es que Sucede Que Hoy desperté entre arena y ganas de ti...
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Entre Acordes y Velas

Sonaban canciones que hablaban de ti mientras las velas iluminaban de melancolía y desasosiego la sala repleta de gente que no eras tú. Los acordes se entrelazaban formando notas que mi mente rellenaba con letras pronunciadas por el recuerdo de tu voz. Y de pronto me pareció ver que los muros de aquel café nocturno comenzaban a ceder incapaces de soportar por más tiempo el peso de tu ausencia. Todo a mi alrededor se derrumbaba, ahora que no quedaba en pie ni la sombra de mi memoria. Debía de ser casi medianoche y, con la madrugada ansiosa esperando su turno, me invadió la melodía de tus labios en los míos mientras te imaginaba sentada en mis rodillas. Y saboreé tus besos en el cuello de la botella que sujetaba con fuerza como para tratar de tener algo entre unas manos que extrañaban demasiado el calor de las tuyas. Los aplausos parecían pisadas sobre los charcos profundos que dibujaba a mi alrededor la soledad. Tan presente y tan lejana. Tan ausente y anhelada. Una tras otra las canciones se sucedían acercando tu recuerdo a mi memoria hasta que la siguiente estrofa terminaba siempre por encajar mejor que la anterior. Como si la hubiesen escrito para ti. Como si la hubiese escrito una noche de estas cuando siento que no estás aquí. Y entre acordes, letras y recuerdos se me fue la noche perdido en tus secretos, tratando de apagar con música el ardor de ti que suscitan mis deseos.

Y es que Sucede Que Hoy te extrañé entre acordes y velas...
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Ya Llego, Ya Llego

Mantengo los ojos cerrados esperando a sentir el cosquilleo en el estómago de saber que dentro de unos instantes estaré surcando el cielo a más metros de altitud de los que a mi delicado sentido del vértigo le gusta experimentar. Aprieto los párpados con fuerza, aferrado con furia al reposabrazos y con el cuello totalmente apoyado en paralelo al asiento. Vamos, vamos, vamos -pienso. Los motores rugen afuera, del otro lado del cristal que me muestra las rayas de la pista pasando a gran velocidad. La tensión alcanza el punto máximo en el momento justo en que, sin poder evitarlo, se me abre un ojo y veo que la zona de cabina ya está apuntando al cielo. Allá vamos; espérame, enseguida llego. Y como si de pronto mi mente prefiriese desconectar y perder el conocimiento para permanecer ajena al mal trago del vuelo, entro en una ensoñación en la que escucho tu sonrisa de fondo, tu voz dulce y esperanzada susurrándome un deseo verte ya. La imagen de tus ojos clavados en los míos se dibuja frente a mi rostro y creo sentir tus manos apretando con fuerza las mías, empapadas por los nervios del despegue. Y para cuando tu imagen comienza a desvancerse como las nubes que atravesamos, de nuevo el sonido de aviso me alerta de que van a comenzar las maniobras de preparación para el aterrizaje. Ya llego. Ya llego. Empieza a extender tus brazos que es mucho el amor que traigo; empieza a preparar tu cuerpo que es muy grande el deseo de arroparte en mi regazo.

Y es que Sucede Que Hoy ya llego, ya llego...
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Instante Eterno

-Quiero ser quien te haga feliz- y las paredes de la habitación parecieron resquebrajarse incapaces de soportar tanto amor entre aquellas palabras. De pronto, la luz, que entraba tímida por la ventana, se tiñó de rojo ruborizando la atmósfera de aquel espacio. Y como si hasta las sábanas hubiesen sentido celos de aquella declaración, terminaron por descubrir sus cuerpos y resbalaron por el borde de la cama hasta caer al suelo. Afuera, la tarde transcurría lenta entre el sonido de voces ajenas y el rumor constante de los coches atravesando la ciudad. Su cuerpo se estremeció casi tanto como las paredes cuando escuchó aquella voz jurando amor y entrega sabiendo que, por encima de todo, siempre se tendrían el uno al otro a pesar de las esperas. Y en los ojos, sin saberlo, se le dibujaron sonrisas. Lo que acababa de escuchar le había atravesado el pecho como una flecha en llamas, directa a su corazón, desnudando a su paso las dudas y penas que días atrás habían estado carcomiéndole sin descanso cada segundo. Y tras la pausa que siguió a aquellas palabras, dejó escapar un suspiro que jamás debió de ser escuchado, mientras repetía internamente la frase que acababa de marcarle a fuego el corazón y que habría de repetir todavía durante muchos días después de aquel regalo en forma de palabras.

Y es que Sucede Que Hoy sobró con ese momento...

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Noctámbulo y Noctívago

Anoche bajé a la calle a buscarte en mitad de la ciudad desconocida. Bajé y recorrí esquinas y plazas mirando si por alguna casualidad habías decidido perderte entre aquellas calles cansada de ver siempre las mismas. Y resulta que te vi sin necesidad de tenerte enfrente. Te vi porque reconocí tus brazos en los de aquella chica que abrazaba a su novio en el portal, justo antes de despedirse hasta la siguiente. Te vi en el beso escondido de dos amantes rendidos al poder del deseo en un coche con los cristales empañados. Te recordé en la pose de aquella otra chica que esperaba el autobús nocturno ajena a lo que en ese momento su imagen estaba significando para mí. Y te reconocí en la melena de espaldas de tantas y tantas otras más con las que me crucé mientras te buscaba. Y en la música de aquel coche que pasó y me trajo hasta la memoria las veces que la había escuchado saliendo de tu boca. Caminé noctámbulo y noctívago por las aceras mojadas bajo el calor aplastante de una noche cualquiera de verano, hasta que volví a aquella casa en la que no reconocía ni paredes, ni colchón, a recordarte entre luces y sombras, trasnochado, con el cartón impregnado de tu perfume embriagándome de vos, amor.

Y es que Sucede Que Hoy te extrañé por adelantado...

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La Luna A Tu Alcance

Asómate, mira, ¿has visto la luna? Está ahí, más cerca que nunca. Grande, anaranjada, como con cara de pena. Aparece y se esconde entre los edificios que se dibujan en el horizonte iluminado de esta noche casi veraniega. Viene y va como mis ojos a los tuyos mientras avanzamos por la carretera desierta. Nos mira y se aleja conforme tratamos de alcanzarla con las manos abiertas. Es como si jugara con nosotros o quisiera ver cada uno de los besos que nos damos. Luce tan grande y cercana que abruma con su presencia e invita a soñar con historias de astros y estrellas. Entes lejanos que encierran los sueños que tejemos entre palabras y sonrisas que lanzamos al viento. Y al fondo de la noche la luna, sonrojada, nos sigue en silencio robándonos el tiempo. Como imanes sus ojos de cráter se clavan en los nuestros. Y con la cara tristona y teñida color desierto, la luna nos une a través del misterio. Cómo será lo de vivir a oscuras desde más allá del tiempo. Qué sentirá la luna cuando dicen que sólo es espejo. Un cuerpo sin vida, ni alma, ni cielo. Y todos olvidan la magia que brinda desde allá a lo lejos. Sin ella las noches no serían noches, ni el mar un juego de bailes, dejando al poeta sin luz para inspirarse. Y que triste sería la vida del sol sin su amante. Casi tanto como la mía sin amor que entregarte.

Y es que Sucede Que Hoy la luna luce mágica...
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Un Loco Enamorado

Brillaba un sol de primavera espléndido mientras el traqueteo del viejo tren me zambullía en una ensoñación aplomada que se cebaba con descaro sobre mis párpados. Afuera, el polen pululaba a su aire revistiendo de polvo y estornudos las calles de las ciudades por las que pasaba. Y mientras el sonido de las voces de tantos y tantos desconocidos que compartían vagón conmigo me interrumpía el sueño, la imagen de tu rostro se dibujaba en mi frente entre la vigilia y la inconsciencia de una mente sin dueño. La cabeza se balanceaba de lado a lado con una sonrisa dibujada en los labios y los ojos aún cerrados. Un loco, pensarían todos. Un enamorado, repetía mi voz en cambio. Y es que te quiero. Te quiero mientras vuelo, camino o viajo en metro. Te quiero mientras hablo, te quiero mientras callo, te quiero mientras sueño. Te llevo conmigo siempre aunque no estés a mi lado. Y te pienso a cada instante. Y te vivo con deseo. Y te quiero entre recuerdos. Te quiero igual sin prisas que sin tiempo; si lloro o estoy contento. Te quiero. Simplemente te quiero. Profundamente te quiero. Justa y decididamente te quiero. Y no importa si estoy loco o estoy cuerdo. Te Quiero.

Y es que Sucede Que Hoy te recordé en el metro...

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Aunque Tú No Lo Sepas

Toma mi mano, pero tómala fuerte. Quiero llevarte lejos de la ciudad, a un lugar donde mirar al cielo signifique ver millones de estrellas y donde besarte sea un secreto a medias con la luna. Alejarnos del mundo para reencontrarnos en el nuestro. Ese que se empeña día tras días en hacerme creer que la realidad sólo existe cuando respiras a mi lado. Que la vida se detiene hasta que vuelvo a verte y en tu ausencia no existen calles, ni gente, ni diálogos. Que todo se desvanece. Y todavía sin soltarnos de la mano recorrer los paisajes de edificios acristalados y avenidas repletas de abrigos que van y vienen. Viajar en alma y tiempo hasta un futuro que se acerca demasiado lento. No me sueltes todavía. No lo hagas ni un segundo, que cuando estoy tejiendo sueños y no siento tus latidos acaba siempre por vencerme el frío. Y ya me ves, ahora mismo no soy nada sin tu abrigo; sin el roce de tus labios acallando mis quejidos. Que las noches sin ti todavía me asustan como cuando de niño las pesadillas se repetían provocando sudores fríos. Simplemente quédate a mi lado sin decirme nada y que tus ojos sean los que expresen las palabras de tu alma. Que me basta con mirarte y repetir tequieros en mi mente, aunque tú no lo sepas.

Y es que Sucede Que Hoy te extrañé antes de que te fueras...

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Mientras Duermes A Mi Lado

La magia invade la habitación a oscuras al sentir tu piel pegada a la mía mientras escribo estas líneas sin sentido, aunque sentidas. Es tan indescriptible la sensación cálida de tus piernas entrelazadas con las mías mientras duermes ajena a estas letras a mi lado... El aire que exhalas recorre mi pecho erizándome la piel a su paso, como suspiros de silencio que vienen a recordarme que yaces a menos de un centímetro de mí. Y tus manos, humedecidas por el calor que desprenden nuestros cuerpos, acarician mi pierna aferrándose a ella con amor y entrega. Bendita sea esta hora. Bendita la luz que refleja en tu rostro y te hace aún más bella. Borracho de desnudez, pienso ahora en las noches en que sólo podía imaginarme la sensación de compartir sábanas contigo. Cuando debía resignarme a soñar con tu pelo enredado en mi almohada, frente a frente, cara a cara, ombligo a ombligo. Y ahora te miro y te admiro entre aquellas mismas sábanas que entonces sólo rezaban por rozar tu piel y quitarte el frío. Y al sentir que estás tan cerca toco el cielo con las manos y voy pensando en acurrucarme rodeándote con mis brazos. Será que es tonto escribirte cuando puedo susurrarlo. Será que llegó la hora de decir adiós y dormir al fin a un beso de distancia de tus labios.

Y es que Sucede Que Hoy te escribo mientras duermes a mi lado...

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No Dejaba de Llover


No dejaba de llover. Durante las últimas dos horas el sonido de la lluvia golpeando la ventana había sido todo lo que se dejaba oír en aquella noche silenciosa. La lluvia, y tus respiraciones pausadas mientras dormías acostada en el sofá con tu cabeza sobre mis piernas. Al final la falta de argumento de la película había vencido a tu tentativa de permanecer con los ojos abiertos. Ya hacía rato que los últimos diálogos habían pasado a formar parte de tus sueños como personajes anónimos; voces lejanas que resonaban en tu inconsciencia. Por momentos, el segundero del reloj se dejaba escuchar robándome la atención, pero no alcanzaba a ver la hora. Tampoco importaba. El sueño parecía haberse olvidado de venir a por mí aquella noche y la escena era lo suficientemente apacible como para no importarme la hora. La lluvia, las luces de la ciudad encendida de noche al otro lado de la ventana, las noventa páginas que todavía restaban para llegar al final del libro, tu respiración y el calor en mis piernas desprendido de tu rostro. Sobre la mesa todavía yacían erguidas las dos copas apenas tintadas ya de vino, que brillaban a la luz parpadeante de la televisión silenciada y desatendida. La primavera comenzaba fría y lluviosa, perfecta para disfrutar de noches como aquella. De pronto, lanzaste una risa breve sin salir de tu sueño, seguida de una respiración profunda y larga. Giraste la cabeza, acomodaste el cuello y la melena resbaló hasta cubrirte los ojos. Seguías allí, conmigo, a mi lado. Y no dejaba de llover.

Y es que Sucede Que Hoy la lluvia me trajo estas letras...
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Tú, Primavera

Un rayo de luz pura, blanca y cálida como tú no podría haber llegado al mundo en otra fecha sino en esta en que damos entrada a la primavera. A tu paso florece la vida y se llenan de color los días. Brotan risas y alegría, quedan atrás las horas grises y la gota fría. Al igual que la primavera se cuela por los costados del bosque invitando a renacer, tus aires latinos llegaron dispuestos a florecer mi alma con besos, caricias y una dulce sonrisa cada nuevo amanecer. Tiempos de vida, sangre hirviendo y profundos latidos que me llevan por el camino de tu querer. Año tras año apagas las velas con el mismo aliento con el que encendiste una llama en mi pecho aquel verano bendito en que el destino me hizo volver a creer. Y al igual que el equinoccio templado calmas el frío y tiñes de dorado la piel con tus manos y su mágico poder. Y es que tu esencia de primavera es la fuerza que me lleva y que me empuja hacia la verdad: la verdad de entregarme día a día en alma a esta historia sin final.

Y es que Sucede Que Hoy te deseo un feliz día...

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50m² De Amor

Las paredes de aquel piso céntrico de alquiler respiraban la humedad de todo el edificio y las manchas que asomaban ennegrecidas en las paredes parecían dibujar secretos de amor encriptados al más puro estilo Rorscharch. El suelo de un parqué barnizado capa tras capa hasta formar una película sospechosamente brillante era lo único que hacía recordar el pasado glorioso de aquel edificio decimonónico que al parecer había pertenecido a una familia de la alta sociedad de aquella turbulenta época. El parqué, la escalera de madera y los marcos lacados del enorme ventanal del salón con vistas a la gran avenida arbolada. Bastaba extender el brazo por el balcón principal para tocar las hojas de los álamos que teñían de verde aquel rincón de la ciudad. Nadie recordaría ya las veces en que tantos y tantos hombres fugaces tuvieron que utilizar aquel balcón como salida de emergencia y el tronco de aquellos álamos como escalera improvisada con desenlace desconocido. Si aquellas habitaciones hablaran... Lo que antes había sido un palacete aristocrático ahora había quedado reducido a pequeños apartamentos tipo loft gustosamente decorados y con la magia del pasado conjugada con las últimas tendencias en decoración. Lo mejor de aquella casa, la enorme chimenea y la pared desnuda del salón. Y poco a poco las cajas de cartón fueron ocupando el reducido espacio repletas de sueños de una nueva vida que comenzaba entre sueños que finalmente se hacían realidad. Tú, yo y nuestro primer loft. Tú, yo y un futuro más que prometedor. Cincuenta metros cuadrados rebosantes de amor.

Y es que Sucede Que Hoy lo dibujé en mi mente...

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Yo No Fui

Juego a recordar la media sonrisa que se dibuja en tus labios cuando tratas de mentirme entre bromas y gestos que te delatan. Tus manos nerviosas intentan hablar con movimientos rápidos como queriendo desvelar una verdad que cuelga peligrosamente de tu boca. Los ojos te sonríen e inevitablemente no me queda más remedio que acercarme hasta robarte el beso que se te escapa entre la risa contenida. En el fondo de tu mirada mis pupilas se reflejan derrochando un amor que se niega a desvanecer. Y en la mente rincones lejanos se desdibujan cada vez que un coche pasa por al lado y nos devuelve a la realidad de aquella calle a la vuelta de tu casa, mientras las farolas se encienden parpadeantes queriendo desvelar lo que los cristales empañados ocultan. Y al tiempo que tu locura desborda el aire que nos rodea me voy deshaciendo por dentro en piropos enmudecidos por la cara de tonto que se me queda cuando entreveo tu media sonrisa de pícara desentrenada. Disfruto callado incapaz de romper el silencio tendido de un hilo, a punto de romper en carcajadas, esperando alguna de tus salidas inesperadas. Entonces un amago, un roce, una mirada cruzada basta. Rompemos a reír y jugamos a ser humanos en mitad de un mar de sentimientos desbocados.

Y es que Sucede Que Hoy recordé tu cara de "yo no fui"...
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En La Trinchera

Ahora que te siento lejos, agazapado entre sacos de arena que habrán de salvarme la vida cuando al fuego cruzado se le antoje sobrevolar esta trinchera, recuerdo las tardes en que las notas de tu viejo violín venían a remolonearse en mis oídos. Verte al contraluz delante de aquella ventana con vistas a un mundo todavía en paz se convertía entonces en un ritual sagrado donde luces y sombras se mezclaban con la sinfonía de las cuerdas pulsadas por tus finos dedos. Ahora hay días en que creo transportarme atrás en el tiempo y escucho aquella misma melodía, hoy teñida de sangre y duelo, atravesando el aire en forma de balas que, con suerte para unos y desgracia para otros, terminan por hacer blanco. Uno más, otro menos. En esta sucia y cruel guerra de hermanos el recuerdo de tus notas se convierte en el mejor aliado. Aquí nadie puede fiarse de nadie. Quien no miente, ya ha mentido; quien no llora, ya ni siquiera se siente vivo. Y entre partitura y partitura acaricio mi fusil imaginando tu cuerpo desnudo y recorro sutilmente las curvas que dibujan tus caderas de madera y hierro. Hace horas que nadie viene a visitarme. Ya no sé si soy el último superviviente de mi sección, tal vez de mi escuadrón, o es que acaso hace días que esta absurda guerra ya acabó. Nada importa ya. Mi vida perdió sentido el día en que me reclutaron y te vi con lágrimas en los ojos diciéndome adiós con tu mano desde el andén. En aquel instante, rodeado de tantos otros infelices como yo, supe que mi vida había llegado a su fin.

Y es que Sucede Que Hoy escribo en homenaje, en recuerdo, en secreto...
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Una Palabra Tuya

Vuelve a desnudarte en palabras de amor y deja que tu alma se muestre en la plenitud de su esencia. Que caigan armaduras y escudos, pieles resecas que se interponen entre el calor de tu pecho y la frialdad aparente de tu trato medido. Que la luz que llevas dentro se muestre esplendorosa y transporte en su brillo la dulzura que duerme en tu interior. Como mariposas a las que les cuesta separarse de su crisálida, tus sentimientos se desprenden suavemente del abandono para alzarse vigorosos por encima de cualquier duda. Y en la travesía de la oscuridad al crepúsculo mis huesos tiemblan de orgullo y mi piel se derrite ante los encantos de tu corazón entregado. No hay entonces placer más profundo que el sentido al dejarme seducir por tus tiernas palabras. El mundo deja de girar y la armonía invade mi cuerpo agitado por el resonar de tu afecto. No soy digno de que entres en mi pecho, pero una palabra tuya bastará para enamorarme. Y entregado a tu magia me dejo llevar por la sinceridad que desprende tu promesa. Vuelve a desnudarte en palabras de amor y permite a mis oídos deleitarse con tus ecos, mientras se eriza mi piel de sólo saberme tuyo. Vuelve a mostrarme la sabia de tu amor y comienza a creer en los sueños que una tarde, entre besos, tejimos entre los dos.

Y es que Sucede Que Hoy una palabra tuya bastará...

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