Tormenta de Verano
Madrid amaneció con las calles mojadas y un olor a lluvia y otoño que se levantaba en cada esquina. El cielo, encapotado, teñía de gris las calles iluminadas por las luces de los coches pisando charcos a su paso. La mañana despuntaba al final de la avenida, en el horizonte, mientras la piel erizada de mis brazos extrañaba tu calor, tus manos calmando el inusual frío de aquel día. Y con la madrugada todavía pegada en los lagrimales comencé a caminar con la extraña sensación de tenerte al lado, enfundada en tu abrigo marrón, con la capucha protegiéndote de la insistente lluvia y tu sonrisa tratando de hacer salir el arco iris. Aquel otoño improvisado te trajo allí, conmigo, dejándome la sensación de querer que volviera el frío para estar contigo. Sentía tu mano aferrada a la mía moviéndose adelante y hacia atrás poniéndole buena cara al mal tiempo, corriendo por los charcos como dos niños con botas de agua. Y recordé la vez en que nos sorprendió la tormenta sentados en aquel banco bajo el árbol milenario, abrazados, probando el sabor de la lluvia en tus besos. La tarde que comprendí que hasta el cielo envidiaba un amor tan puro y descargaba con furia su llanto, mientras nosotros, ajenos a todo, continuamos regalándonos sensaciones prohibidas.Y es que Sucede Que Hoy la lluvia me hizo recordarte...













