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Todo llega y todo pasa


Volvamos a jugar a las palabras. Hagamos que los silencios se ruboricen ante el arrebato de las sílabas saliendo disparadas como balas de nuestros corazones. Que la fuerza de la vida nos impregne con su magia y nos haga recordar que somos el resultado de una serie de casualidades infinitas perfectamente ordenadas. Y que la impaciencia del ahora no nos oculte la sabiduría de un destino que todavía llama cada noche a nuestra puerta ofreciendo el mismo trato desde que juramos nuestra fe ciega. La felicidad a cambio del esfuerzo, de la entrega, de la confianza mutua, plena y eterna, de la pasión vertida en cada instante que nos llegue en forma de experiencia, mientras dejamos al tiempo seguir forjando nuestra senda. Y entretanto, nosotros, a vivir sabiendo que el futuro que soñamos nos espera. A exprimir los días como si el mañana no existiera. A cambiar el mundo y demostrar que no es mejor el que antes llega, sino el que sabe posponer la gloria efímera para gozar después del triunfo sosegado cuando la dicha anuncie que ha llegado el fin de toda espera. Y entonces, como si todo cobrase sentido de la nada, como si una sola y última pieza desenmascarase lo que tanto tiempo había permanecido oculto, comprenderemos que somos uno, que ya estábamos allí cuando empezamos a soñar nuestro futuro, que el ayer y el mañana convergen en un solo punto llamado presente y a ese lo tuvimos delante, conscientes o no, en cada paso que dimos. Y echaremos la vista atrás y, a lo lejos, perdidas entre la neblina, veremos a nuestras almas sonriéndonos en silencio y a distancia, como quien obvia las palabras consciente de que todo llega y todo pasa.


Y es que Sucede Que Hoy me reencontré con mi idilio de reflexiones, pensamientos y palabras...

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Tu risa de madrugada


Y de pronto, en mitad de la noche, suspiras como dejando salir de tu boca el último hilo de sueño profundo. Como si la madrugada escapara de tu pecho atravesando el interior de tu cuerpo hasta dejarse caer por el filo de tus labios. Y sonríes mientras te vas girando envuelta entre las sábanas que a ratos estorban y a ratos buscas con fervor. Entonces dejas escapar una carcajada dulce a media voz, como si en la inconsciencia del sueño que se aleja volvieras a sentir que apenas a unos centímetros me encuentro yo observándote respirar. Y en ese momento tu brazo me busca y tus pies escalan los míos en un baile milimétricamente ejecutado que nos devuelve al estado de conexión original, piel con piel, abrazados a la la luz de la luna. Tu cara, teñida de paz, mantiene una sonrisa sostenida mientras poco a poco tu respiración se va acompasando de nuevo hasta alcanzar el ritmo profundo y sosegado que te devuelve a lo más profundo de tu subconsciente. Y es entonces cuando siento que ha llegado el momento de cerrar los ojos, sabiendo que eres tú. Sabiendo que sigues feliz al lado. Sabiendo que una noche más, tu risa de madrugada revela que todo sigue igual, que en unas horas tu susurro, tus caricias y tus besos volverán a ser la esencia del mejor despertar.

Y es que Sucede Que Hoy fue una de esas noches...

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Cuando yo significa nosotros


Hace tiempo que perdí el yo y me vi sumergido en un nosotros continuo. Años que veo la vida con tus ojos y toco la primavera a través de tus manos. Siglos oculto en tus recuerdos y milenios esperando ver llegar el momento. Ese momento de tenerte enfrente y perder el habla al comprender que por fin ha llegado el día de dejar de estar, para empezar a ser en ti. De dejar de querer para comenzar a vivir. De olvidar el anhelo del futuro para sentir la fuerza de un presente por primera vez más intenso que aquel por-venir que acabó viniendo. Y entre pronombres confusos y adverbios fuera de lugar y tiempo, he llegado a comprender que tal vez el lenguaje no fue creado para referirse a la soledad. Como si las palabras terminaran encontrando el sentido unas con otras sólo cuando tú empiezas una frase y yo la termino. Como si el mundo no existiese más que tal y como lo vemos cuando tus pupilas y las mías se encuentran en mitad de un instante suspendido y la imagen que formamos en nuestras retinas es consecuencia de la suma de nuestras perspectivas. O como si la ciudad fuese muda y sólo resonasen los tequiero que nos susurramos cada noche antes de dar el día por concluido. Hace tiempo que perdí el yo y me vi sumergido en un nosotros continuo. Y no importa si termino por no saber hablar o acabo por ser un incomprendido; entre nosotros siempre podremos entendernos dejando que interceda el sonido de nuestros latidos.

Y es que Sucede Que Hoy yo significa nosotros...

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Sin saberlo te esperaba


¿Te acuerdas? El sol bañaba tu piel salada y dorada como consecuencia de los días largos de verano. Por aquel entonces, la Navidad todavía no era sinónimo de frío y con su entrada dabas por finalizado el curso. Las horas se estiraban y vivir era más sencillo, más humano y más intenso que en las tristes y tempranas noches del invierno. Pero cuando el sol se iba y te quedabas a solas con el mar frente a tus ojos, entonces no lo sabías pero era mi susurro el que pasaba acariciándote sigiloso el pelo. Era mi voz desde tan lejos la que confundías con el ruido de las olas iluminadas por la luna y su reflejo, diciéndote "no sé dónde estarás ahora, pero sea dónde sea, yo aquí te espero". Porque aunque por entonces era aún secreto, ya soñaba con tenerte al lado y dormir cada noche abrazado fuerte a tu cuerpo. Ya estallaba en mí el deseo de ser el único que te hiciese ver colores nuevos bajo este otro cielo. Porque a pesar de la distancia ya era tuyo el latido de mi pecho, aunque si he de ser sincero confieso que tampoco yo sabía entonces a quién lanzaba mis palabras en la noche con los ojos puestos en el firmamento. Pero me bastó aquella primera tarde, años después, para saber que eras la dueña de mis plegarias y mis ruegos. La que durante tantas noches había sido inspiradora de mis sueños. Lo vi en tu piel dorada y en tu sabor a sal de tierras lejanas, confirmando que a pesar del tiempo y la distancia, sin saberlo te esperaba.

Y es que Sucede Que Hoy creí colarme en tu pasado...
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Contigo al fin del mundo


Si llegara el fin del mundo, querría que me sorprendiese en un abrazo contigo. Que las trompetas del desastre sonaran mientras tus brazos rodean mi cuerpo. Que el viento levantado vaticinando la hora del juicio final hiciese bailar a tu pelo sobre mi rostro, acariciándome la piel y deslizando por mi frente hasta cubrir mis ojos para no ver lo que está ocurriendo afuera. Si llegase el fin del mundo, querría que me sorprendiese con tus labios regalándome el último beso posados sobre los míos; cálidos, húmedos, llenos de amor y vida, como queriendo aferrarse a un último recuerdo dulce y eterno. Y solos, con el estruendo del cielo abriéndose ante nosotros, decirte que te amo y que toda mi vida valió la pena gracias a ti. Que partir es doloroso, pero menos que si jamás hubiese tenido la oportunidad de compartir mis días contigo y ser feliz. Y aunque llegue mi hora me iré sabiendo que hay vida antes de la muerte cuando se tiene cerca a alguien que cada día te hace sonreír. Alguien que te mira, te acaricia y te hace sentir que nada importa más que estar en ese instante allí. Alguien que con sólo una palabra es capaz de encoger tu pecho y hacerte estremecer al no poder reprimir tanta felicidad por el propio porvenir. Si llegara el fin del mundo, querría que me sorprendiese estando bien pegado a ti, abrazados, entregados a la pasión del último beso y justo después de haberte dicho que jamás imaginé un momento mejor para partir.

Y es que Sucede Que Hoy temí la llegada del fin del mundo por no verte...


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Amanece Madrid y es enero


Las calles de Madrid todavía huelen a mojado después de otra madrugada más lloviendo como si no hubiese mañana. Las farolas, todavía encendidas ante la ausencia de un sol que estira las horas de descanso por estas latitudes, iluminan mis pasos por unas calles cada vez menos ajenas. Empiezo a conocer los árboles, a reconocer semáforos, el ruido del tráfico tempranero y hasta el revuelo de las primeras palomas que salen de su cobijo tras el aguacero. Y mientras camino enfundado en mi abrigo, atravesando el frío de un enero cualquiera en Madrid, añoro el calor de tu cuerpo bajo las sábanas. Qué duro se me antoja a diario abandonar el sueño y salir a que un viento gélido golpee mis mejillas, sabiendo que apenas instantes atrás tu cuerpo me brindaba el bienestar absoluto en forma de calor y abrazo matutino. Pero más dura aún es la idea de saber que durante las próximas horas notaré a cada segundo tu ausencia, imaginando tu mañana, extrañando tus besos, recordando tu sonrisa y deseando el reencuentro. Y mientras pienso a diario en este ritual de amor, ausencia y frío hasta en los huesos, se me acorta el tiempo de trayecto de camino a un nuevo día luchando por un sueño, ahora que el de despertar a tu lado cada mañana ya no tengo que soñarlo.

Y es que Sucede Que Hoy dejé volar las ganas...

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Primavera entre mis sábanas

Hoy, al fin, llegó la primavera. Lo vi en tus ojos, temprano, nada más amanecer a tu lado. Lo supe porque tu abrazo me trajo el calor templado que sólo se siente en esta época. Por eso, y porque el te quiero salió más dulce que nunca de tus labios. Quizás porque te lo robé entre besos matutinos tras una larga noche, quizás porque nos reconocemos bendecidos y benditos en este amor que traspasa fronteras y estaciones. Anoche, en tu regazo, algo me hacía vaticinar que la de hoy sería una mañana distinta, colorida, sonora y alegre, primaveral. Y ha sido suficiente el primer rayo de sol atravesando la ventana para saber que se habían cumplido mis presagios. Estabas allí, tan tuya que eras mía. Y del olor a flores que nacían pasamos al del pan recién tostado compartiendo desayuno y sentimiento; el sentimiento de sabernos hechos el uno para el otro a cada momento y en especial en estos. Y mientras la mañana transcurría entre sol y azahares me he ido dando cuenta de que no hay estación más bella que esta que la sangre altera. La que dicen que trae sabia nueva a la tierra y llena de colores ventanas, parques y jardineras. Porque el amor que siento por ella es tan grande como el que te profeso, silencioso, diario, profundamente pleno y entregado, mientras llegan las hojas nuevas y a mí se me escurre el tiempo entre tus manos de algodones como los que ahora vuelan.

Y es que Sucede Que Hoy trajiste la primavera a mi cama...

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Dejaremos un poco para el resto

Trato de recordar qué se celebra hoy y mi mente, a pesar de prestar toda la atención a la fecha marcada en rojo en el calendario, no logra saber porqué un corazón rodea al 14 de febrero. Busco entre los anaqueles de mi memoria los motivos, las razones que me llevaron a señalar este día y sin embargo no encuentro sino vacío. Y entre la desesperación de quien busca y no encuentra, de quien sabe pero no recuerda, pasan las horas y por más que me distraiga, los ojos siempre van a parar al calendario que descansa sobre el escritorio, distante, persecutorio, amenzando con quedarse estancado en esa fecha por más que pasen los días. Y al borde de la desesperación máxima, justo cuando la idea de acabar con esta desazón arrancando la hoja del mes de febrero se postula como vencedora en mi mente, de pronto, como una revelación divina, un pensamiento con aires de causa se cuela por mi esquiva memoria ofreciéndome el motivo de aquel corazón rojo, apagando las cenizas de la desesperación. 14 de febrero, día de los no enamorados, de aquellos que se valen de una fecha para demostrar su amor. De los que necesitan que les recuerden que sienten algo por una persona. De los que requieren de un aviso para volver a sentirse enamorados. Día de todos, menos nuestro. Afortunadamente, tenemos el resto de los 364 días para demostrarnos este amor de pasión desgarradora y sentimiento vivo. Esta suerte de droga bendita con la que fuimos bendecidos hace tiempo, tanto, que no recuerdo a qué vida pertenece.

Y es que Sucede Que Hoy dejaremos un poco para el resto...

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Nos faltará de todo, menos amor

Hoy, entre haces de luz que se colaban por debajo de tus gafas de sol, he visto la preocupación en tu mirada. El brillo habitual de tus ojos estaba adormecido, como enturbiado por la desazón ante las nuevas y malas noticias. De lejos he visto tu alma, agazapada al fondo de unas pupilas grisáceas, temblorosa, desubicada. Y entre lágrimas perdidas he encontrado una espina que no debiera estar clavada. Porque podrá faltarnos un viaje, pero seremos felices jugando con la mente a hacer escapadas. Podrá faltarnos la dicha, pero inventaremos maneras de sonreír a la vida en cada luna nueva. No será ampulosa la dieta, pero nos bastará el cariño para llenar de ilusiones la nevera. Y si alguna vez lo que escasea son palabras, estaré tranquilo sabiendo que contigo me basta para entenderme una mirada. Así que deja que tus ojos recobren el color de la esperanza. Permite que tu pecho se abra oxigenado hacia la fe en nuestras armas. Que los dos sabemos que la vida nos tiene reservado un gran mañana. Haz del tiempo tu coartada y experimenta la emoción de saber que detrás de cada pena hay siempre una alegría esperando a ser encontrada. Búscala con ímpetu y verás que los haces de luz que antes se colaban por debajo de tus gafas, se tornan rayos de alegría coloridos como el arcoíris cuando el cielo escampa.

Y es que Sucede Que Hoy encontré grisácea tu mirada...

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Las Palabras más Utilizadas en SucedeQueHoy

Y es que Sucede Que Hoy quise sentir las palabras...
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Felices Fiestas


Y que el 2011 llegue con un poquito más de tiempo para poder escribir.

Y es que Sucede Que Hoy os deseo a todos Felices Fiestas...


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Cuando Estalla Vigorosa el Alba


No me importa el otoño si despierto a tu lado. Ni que el cielo se encapote, o lluevan piedras contra el suelo siempre que mi edredón termine por enredarse entre tu cuerpo. Que mis labios amanezcan entre los rizos de tu pelo. Afuera, el gris pinta de melancolía la mañana. Adentro, entre paredes, el arco iris ilumina toda la estancia y se refleja en tus pupilas todavía dilatadas. Tu sonrisa se convierte en el mejor desayuno dándome energía para toda la jornada. Qué bonita eres cuando estalla vigorosa el alba. Y te miro y sonrío y agradezco tu presencia a la vida y a las hadas. No hay palabras más sinceras que afirmar que tu presencia es como vivir en una primavera sostenida y dilatada. Que el otoño debió inventarlo un herido de amor con la espina aún clavada.

Y es que Sucede Que Hoy tu presencia fue mi luz en la mañana...

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Refugio de Arena y Sal

Por las noches mi mente no descansa. Se siente prisionera del recuerdo de un paraíso. Ese que nos dio cobijo durante horas que parecieron siglos. Cierro los ojos y veo un manto turquesa. Me huelen a mar las sábanas; me sabe a sal la almohada y viceversa. Escucho el sonido de las chicharras en plena madrugada y siento el agua envolviendo mis tobillos con tanta pasión como con la que me rodeaban tus brazos en aquel primer baño de besos y sonrisas en Cala Saona. Y revivo la libertad que nos brindó durante horas la isla que todo lo transforma. Viajo una y otra vez a la arena de tus piernas y me quedo a vivir contigo escondidos en la cueva de tu alma. Y disfruto del sonido de las olas rompiendo en tu silueta de sirena esculpida a golpe de esfuerzo y constancia. Bendita la hora en que nos perdimos por aquel lugar de pinos y estampas mediterráneas. Porque encontré el paraíso en tu sombra y prometí volver de vez en cuando a pasar contigo unas horas. Las justas para conectar de nuevo con la magia y hacer de aquellas playas el destino de nuestras memorias.

Y es que Sucede Que Hoy descubrí un paraíso contigo...

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Se Me Pega La Luna a La Piel

El calor se me pega al cuerpo casi tanto como tu recuerdo a mi retina. La madrugada no avanza y mientras chorritones de verano resbalan por mi cuerpo imagino una ducha de agua helada cayéndome desde el techo. El aire de la habitación es cada vez menos respirable. Me abrasan las sábanas y la piel. Por la ventana un cielo amarillento asoma a cada minuto con más claridad y los sonidos de la noche poco a poco van apagándose. El mercurio debe rozar los treinta. Apenas son las cuatro de la madrugada. Tal vez las cinco. Ya perdí la cuenta de las ovejas y los segundos que han transcurrido desde que mis ojos se han negado a permanecer cerrados. Amanece mi cuerpo y afuera, impasible, la madrugada avanza espesa. Mis entrañas se hacen agua. Y me viene a la memoria aquello de "siento que me licuo mientras tus manos acarician mi piel ardiente en estas noches calurosas de un verano inesperadamente pleno". Y de nuevo, como entonces, siento convertirme en charco si me muevo. Trato de enfrentarme al sueño hasta que, cansado de luchar, acabo rindiéndome al desvelo. La duda asalta mi cerebro en mitad de todo este revuelo. ¿Tan difícil es tener los días del verano y las noches del invierno?

Y es que Sucede Que Hoy la luna se me pegó a la piel...
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Olor a Recuerdo

Llueve a treinta grados y el olor a tarde húmeda me hace recordar la vez en que la lluvia nos sorprendió sin preaviso sentados bajo aquel árbol centenario. Fue una de esas tardes que sólo se viven una vez y la intensidad del pensamiento hace que queden grabadas a fuego en la memoria, justo en el rincón de las experiencias que saben a vida. Los colores, los sonidos, las sensaciones, los olores... Recuerdo todo, incluidos tus besos y tu risa entregada. La forma en la que te mantenías sentada en mis rodillas, cara a cara, a un beso de distancia. Y cómo el aire levantaba hojas, vergüenzas y esperanzas. La gente corría espantada mientras entre tú y yo reinaba la calma. Y sólo nuestros corazones latían al ritmo de la estampida generalizada. No por miedo, sorpresa o pocas ganas de sentir la piel mojada, sino de saberse entregados a una causa que por entonces apenas comenzaba. Aunuqe si lo pienso, lo bonito es que ahora que ha pasado el tiempo lo siguen haciendo con más entrega, devoción y garra. Desde entonces muchas lluvias han mojado el mismo suelo y ninguna sin embargo ha logrado evocar la emoción de saber que aquel sería por siempre un instante eterno. Por suerte queda la virtud del recuerdo; cerrar los ojos, viajar atrás y revivir a diario, ingenuo, la magia de aquel encuentro.


Y es que Sucede Que Hoy el olor me transportó...

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Como tú

Me giré y te vi. Allí estabas, sonriendo con esa cara de pícara incrédula que se te pone cuando no quieres demostrar tu risa, aunque tus labios siempre acaben por arquearse. Y te vi tan tuya como siempre, pero tan mía como nunca. Fue como sentir que detrás de aquellos ojos se encontraba mi futuro. Como si tras aquella sonrisa habitara la mía de por vida. Y sonreí como quien acaba de darse cuenta de que es feliz. Como el que siente la necesidad de agradecer lo que está viviendo. Y las paredes de la habitación respiraron armonía. De pronto la luz, el sonido, el aroma, los colores, el aire... ya nada era lo mismo. Seguramente en algún lugar del planeta, a cientos, a miles o a escasos kilómetros de la escena estaba ocurriendo algo que había desencadenado este instante de alineación de almas perfecta. Quizás el frío absurdo, quizás la lluvia veraniega. Tal vez la posición de la luna o el hecho de que no hubiese sentido tus besos durante largas y pesadas horas perdido en una ciudad que todavía no era la nuestra. Pero fue suficiente girarme y ver tu foto, esa en la que sales con cara de pícara incrédula, la que se te pone cuando no quieres demostrar tu risa, aunque tus labios siempre acaben por arquearse, para sentir que detrás de aquella mirada, detrás de aquel papel, habitaba un sentimiento que hacía que se me retorciera el alma. Y sonreí, casi sin querer, sin darme cuenta de que mis labios comenzaban a arquearse. Como tú. Tan mío como siempre, tan tuyo como nunca.

Y es que Sucede Que Hoy me giré y te vi, en foto...

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El Sabor de los Contratiempos

Reencontrarme con tus ojos es como hallar un oasis de agua dulce en mitad del desierto en que se convierten los días en los que no te siento. Te miro como tratando de ver en tus pupilas el motivo de tus silencios y me encuentro con que en ellas ya no reconozco el brillo de otro tiempo. Pero el instante en que vuelve a ti la luz y de nuevo te entreveo no se paga con dinero. Es como volver a ver salir el sol tras un largo ciclón turbulento. Se derrumba el muro de hielo y nuestras auras vuelven a fusionarse en un mar de colores ardientes como el fuego. La energía vuelve a fluir entre nuestros cuerpos. Y del fondo de tus labios, comienzan a asomar brotes de sonrisa tímida relajando la tensión de tu gesto. Es como si la primavera de pronto entrara con fuerza en tu pecho. Floreces, te abres y el polen de tu amor vuelve a mezclarse con el aire que envuelve mis silencios. Y entonces, cuando me atrevo a volver a mirarte sin miedo de encontrarme con algo que no quiero, mi corazón se agita acelerado por las ganas de robarte un beso eterno. Uno de esos que sólo salen cuando, después de algún tiempo de distanciamiento físico o etéreo, dos almas se encuentran de nuevo dispuestas a dejar atrás el sabor de los contratiempos.

Y es que Sucede Que Hoy quise escribirle a un beso...
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Nunca Más

- Puedes seguir huyendo el resto de tus días, pero nunca conseguirás escapar del amor. Aquella sentencia le había acompañado durante toda su vida como un estigma en forma de recuerdo persecutorio que se reproducía internamente sin remedio. Y sin comprensión. Porque por más que trataba de analizar aquel conjunto de palabras que le recordaban a algún epitafio que seguramente jamás existió, nunca hasta ahora le había encontrado sentido. Y sin embargo ahí estaba, resonando en su interior con fuerza cada vez que se vanagloriaba de su ajetreada vida profesional de agenda repleta de cambios de última hora. Un día, mucho tiempo atrás, él también se había repetido una y otra vez el famoso "nunca más"; la gran mentira que todo despechado pronuncia, como único remedio para cerrar heridas y autoconvencerse de que jamás volverá a sufrir del corazón. Infartos del amor, como lo llamaba él. Sin embargo, aquella sentencia cobró todo el sentido cuando, aparentemente de manera fortuita, su maleta chocó con la de aquella mujer en la sala de embarque del aeropuerto. Y de pronto el aferrado "nunca más" fue trasformándose en un "y si...", un "quizás", un "algún día tenía que llegar". Y mientras se miraban intensamente ajenos a todo lo demás, como si el mundo entero hubiese dejado de girar, de su boca se desprendió un susurro que no pudo frenar. "Al final no conseguiste escapar".

Y es que Sucede Que Hoy comprendí que el amor...

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Cuando llueve, lluevo

Cuando llueve, lluevo. Las horas se escapan sin poder aprovechar el tiempo. Las sonrisas se esconden y dormitan hasta ver salir el sol de nuevo. Se apagan las ciudades. Se encienden los recuerdos. Melancolías grises salen de su agujero. La realidad recuerda a la de un mal sueño. Habito dentro de un televisor en blanco y negro. ¿Por qué nadie me dijo que hoy me quedara durmiendo? Pero de pronto suena el teléfono y en la pantalla se muestra tu foto sonriendo. Y entiendo que a pesar de la lluvia, en algún lugar del mundo hay una flor que está naciendo. Un abrazo que está sellando un reencuentro. Unos niños que están dándose el primer beso. Cuando llueve, lluevo...y el cielo no escampa hasta que no te veo.

Y es que Sucede Que Hoy lluevo...
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Con Tinta De La Que No Se Va

pareja en aeropuertoPrometo llevarte a todos los aeropuertos que ahora no podemos permitirnos pisar. Pasar noches en vela en hoteles de ciudades que siempre quisimos visitar. Y desayunar juntos en la cama mirando el amanecer por la ventana mientras los primeros rayos de sol perfilan las siluetas de las antenas en los tejados de la capital. Prometo llevarte a tus tierras y ser el turista más ávido de aventuras e historias que jamás haya recorrido el país donde dicen que las estrellas casi se pueden tocar. Recorrer contigo la terminal del aeropuerto llenos de nervios, ganas y respeto por el largo trayecto hasta llegar a un lugar donde de pronto dejemos el invierno atrás. Y despegar de noche sabiendo que nos despertará el piloto anunciando sol en el día nuevo que comienza a despuntar. Y mirarnos sonriendo a sabiendas de todo lo que está a punto de comenzar. Y bajar del avión y sentir que el olor del los aires buenos nos invade al caminar. Cambiar el abrigo por la malla, las botas por sandalias y las bufandas por tus faldas de color primaveral. Echar atrás el tiempo y volver a disfrutar de un diciembre rodeados de sol, arena y mar. Sólo deja que el destino cumpla todo lo previsto antes de que anuncie que esta fecha señalada está próxima a llegar. Que no importa si no es hoy, ni es mañana, lo escrito, escrito está. Y mis promesas las firmo con tinta de la que mancha y no se va.

Y es que Sucede Que Hoy prometo que ese día llegará...

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