El Perfil De Tu Rostro En La Noche

Todavía recuerdo el perfil de tu cara cuando subiste aquella noche inesperada a mi coche dispuesta a perderte en la oscuridad nocturna a mi lado. La imagen de tu rostro dibujado con punta fina me viene a la mente y lo recuerdo con una sonrisa en los labios mientras un escalofrío recorre mi cuerpo. Sería imposible olvidar aquel pelo recogido en una coleta alta; aquel perfil de musa con líneas perfectamente trazadas al contraluz de una farola; la superficie plana de tu frente, el acantilado de tu nariz descendiendo vertiginosamente hasta la brecha de tus labios a medio cerrar; tu barbilla respingona, perfectamente curva y aparentemente suave como un pétalo, hasta llegar a tu cuello desnudo en un trayecto sin fin hacia tu pecho, digno hogar para un corazón así. Afuera la ciudad respiraba un aire navideño y las calles iluminadas te rendían pleitesía conforme el coche avanzaba por ellas. Los árboles dormidos despertaban para hacerte la reverencia, las farolas parpadeaba celebrando la fiesta de tu paso, las flores de los balcones danzaban al compás del sonido de los pájaros acurrucados en sus nidos. Por delante una madrugada fría nos esperaba alejados de aquella jungla de asfalto y mi corazón palpitaba con más fuerza conforme las farolas se distanciaban más entre sí, anunciando el fin cercano de la civilización. Y mientras mi mente recorre los pasajes de aquella noche, mi esperanza se acomoda en la posibilidad de repetir la experiencia y encontrarte pronto de nuevo enfundada en tu abrigo rojo, sentada en el asiento de mi lado en el coche, rumbo a un reino sin luz.

Y es que Sucede Que Hoy recordé aquella vez...