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Un Loco Enamorado

Brillaba un sol de primavera espléndido mientras el traqueteo del viejo tren me zambullía en una ensoñación aplomada que se cebaba con descaro sobre mis párpados. Afuera, el polen pululaba a su aire revistiendo de polvo y estornudos las calles de las ciudades por las que pasaba. Y mientras el sonido de las voces de tantos y tantos desconocidos que compartían vagón conmigo me interrumpía el sueño, la imagen de tu rostro se dibujaba en mi frente entre la vigilia y la inconsciencia de una mente sin dueño. La cabeza se balanceaba de lado a lado con una sonrisa dibujada en los labios y los ojos aún cerrados. Un loco, pensarían todos. Un enamorado, repetía mi voz en cambio. Y es que te quiero. Te quiero mientras vuelo, camino o viajo en metro. Te quiero mientras hablo, te quiero mientras callo, te quiero mientras sueño. Te llevo conmigo siempre aunque no estés a mi lado. Y te pienso a cada instante. Y te vivo con deseo. Y te quiero entre recuerdos. Te quiero igual sin prisas que sin tiempo; si lloro o estoy contento. Te quiero. Simplemente te quiero. Profundamente te quiero. Justa y decididamente te quiero. Y no importa si estoy loco o estoy cuerdo. Te Quiero.

Y es que Sucede Que Hoy te recordé en el metro...

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Aunque Tú No Lo Sepas

Toma mi mano, pero tómala fuerte. Quiero llevarte lejos de la ciudad, a un lugar donde mirar al cielo signifique ver millones de estrellas y donde besarte sea un secreto a medias con la luna. Alejarnos del mundo para reencontrarnos en el nuestro. Ese que se empeña día tras días en hacerme creer que la realidad sólo existe cuando respiras a mi lado. Que la vida se detiene hasta que vuelvo a verte y en tu ausencia no existen calles, ni gente, ni diálogos. Que todo se desvanece. Y todavía sin soltarnos de la mano recorrer los paisajes de edificios acristalados y avenidas repletas de abrigos que van y vienen. Viajar en alma y tiempo hasta un futuro que se acerca demasiado lento. No me sueltes todavía. No lo hagas ni un segundo, que cuando estoy tejiendo sueños y no siento tus latidos acaba siempre por vencerme el frío. Y ya me ves, ahora mismo no soy nada sin tu abrigo; sin el roce de tus labios acallando mis quejidos. Que las noches sin ti todavía me asustan como cuando de niño las pesadillas se repetían provocando sudores fríos. Simplemente quédate a mi lado sin decirme nada y que tus ojos sean los que expresen las palabras de tu alma. Que me basta con mirarte y repetir tequieros en mi mente, aunque tú no lo sepas.

Y es que Sucede Que Hoy te extrañé antes de que te fueras...

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Mientras Duermes A Mi Lado

La magia invade la habitación a oscuras al sentir tu piel pegada a la mía mientras escribo estas líneas sin sentido, aunque sentidas. Es tan indescriptible la sensación cálida de tus piernas entrelazadas con las mías mientras duermes ajena a estas letras a mi lado... El aire que exhalas recorre mi pecho erizándome la piel a su paso, como suspiros de silencio que vienen a recordarme que yaces a menos de un centímetro de mí. Y tus manos, humedecidas por el calor que desprenden nuestros cuerpos, acarician mi pierna aferrándose a ella con amor y entrega. Bendita sea esta hora. Bendita la luz que refleja en tu rostro y te hace aún más bella. Borracho de desnudez, pienso ahora en las noches en que sólo podía imaginarme la sensación de compartir sábanas contigo. Cuando debía resignarme a soñar con tu pelo enredado en mi almohada, frente a frente, cara a cara, ombligo a ombligo. Y ahora te miro y te admiro entre aquellas mismas sábanas que entonces sólo rezaban por rozar tu piel y quitarte el frío. Y al sentir que estás tan cerca toco el cielo con las manos y voy pensando en acurrucarme rodeándote con mis brazos. Será que es tonto escribirte cuando puedo susurrarlo. Será que llegó la hora de decir adiós y dormir al fin a un beso de distancia de tus labios.

Y es que Sucede Que Hoy te escribo mientras duermes a mi lado...

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No Dejaba de Llover


No dejaba de llover. Durante las últimas dos horas el sonido de la lluvia golpeando la ventana había sido todo lo que se dejaba oír en aquella noche silenciosa. La lluvia, y tus respiraciones pausadas mientras dormías acostada en el sofá con tu cabeza sobre mis piernas. Al final la falta de argumento de la película había vencido a tu tentativa de permanecer con los ojos abiertos. Ya hacía rato que los últimos diálogos habían pasado a formar parte de tus sueños como personajes anónimos; voces lejanas que resonaban en tu inconsciencia. Por momentos, el segundero del reloj se dejaba escuchar robándome la atención, pero no alcanzaba a ver la hora. Tampoco importaba. El sueño parecía haberse olvidado de venir a por mí aquella noche y la escena era lo suficientemente apacible como para no importarme la hora. La lluvia, las luces de la ciudad encendida de noche al otro lado de la ventana, las noventa páginas que todavía restaban para llegar al final del libro, tu respiración y el calor en mis piernas desprendido de tu rostro. Sobre la mesa todavía yacían erguidas las dos copas apenas tintadas ya de vino, que brillaban a la luz parpadeante de la televisión silenciada y desatendida. La primavera comenzaba fría y lluviosa, perfecta para disfrutar de noches como aquella. De pronto, lanzaste una risa breve sin salir de tu sueño, seguida de una respiración profunda y larga. Giraste la cabeza, acomodaste el cuello y la melena resbaló hasta cubrirte los ojos. Seguías allí, conmigo, a mi lado. Y no dejaba de llover.

Y es que Sucede Que Hoy la lluvia me trajo estas letras...
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Tú, Primavera

Un rayo de luz pura, blanca y cálida como tú no podría haber llegado al mundo en otra fecha sino en esta en que damos entrada a la primavera. A tu paso florece la vida y se llenan de color los días. Brotan risas y alegría, quedan atrás las horas grises y la gota fría. Al igual que la primavera se cuela por los costados del bosque invitando a renacer, tus aires latinos llegaron dispuestos a florecer mi alma con besos, caricias y una dulce sonrisa cada nuevo amanecer. Tiempos de vida, sangre hirviendo y profundos latidos que me llevan por el camino de tu querer. Año tras año apagas las velas con el mismo aliento con el que encendiste una llama en mi pecho aquel verano bendito en que el destino me hizo volver a creer. Y al igual que el equinoccio templado calmas el frío y tiñes de dorado la piel con tus manos y su mágico poder. Y es que tu esencia de primavera es la fuerza que me lleva y que me empuja hacia la verdad: la verdad de entregarme día a día en alma a esta historia sin final.

Y es que Sucede Que Hoy te deseo un feliz día...

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50m² De Amor

Las paredes de aquel piso céntrico de alquiler respiraban la humedad de todo el edificio y las manchas que asomaban ennegrecidas en las paredes parecían dibujar secretos de amor encriptados al más puro estilo Rorscharch. El suelo de un parqué barnizado capa tras capa hasta formar una película sospechosamente brillante era lo único que hacía recordar el pasado glorioso de aquel edificio decimonónico que al parecer había pertenecido a una familia de la alta sociedad de aquella turbulenta época. El parqué, la escalera de madera y los marcos lacados del enorme ventanal del salón con vistas a la gran avenida arbolada. Bastaba extender el brazo por el balcón principal para tocar las hojas de los álamos que teñían de verde aquel rincón de la ciudad. Nadie recordaría ya las veces en que tantos y tantos hombres fugaces tuvieron que utilizar aquel balcón como salida de emergencia y el tronco de aquellos álamos como escalera improvisada con desenlace desconocido. Si aquellas habitaciones hablaran... Lo que antes había sido un palacete aristocrático ahora había quedado reducido a pequeños apartamentos tipo loft gustosamente decorados y con la magia del pasado conjugada con las últimas tendencias en decoración. Lo mejor de aquella casa, la enorme chimenea y la pared desnuda del salón. Y poco a poco las cajas de cartón fueron ocupando el reducido espacio repletas de sueños de una nueva vida que comenzaba entre sueños que finalmente se hacían realidad. Tú, yo y nuestro primer loft. Tú, yo y un futuro más que prometedor. Cincuenta metros cuadrados rebosantes de amor.

Y es que Sucede Que Hoy lo dibujé en mi mente...

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Yo No Fui

Juego a recordar la media sonrisa que se dibuja en tus labios cuando tratas de mentirme entre bromas y gestos que te delatan. Tus manos nerviosas intentan hablar con movimientos rápidos como queriendo desvelar una verdad que cuelga peligrosamente de tu boca. Los ojos te sonríen e inevitablemente no me queda más remedio que acercarme hasta robarte el beso que se te escapa entre la risa contenida. En el fondo de tu mirada mis pupilas se reflejan derrochando un amor que se niega a desvanecer. Y en la mente rincones lejanos se desdibujan cada vez que un coche pasa por al lado y nos devuelve a la realidad de aquella calle a la vuelta de tu casa, mientras las farolas se encienden parpadeantes queriendo desvelar lo que los cristales empañados ocultan. Y al tiempo que tu locura desborda el aire que nos rodea me voy deshaciendo por dentro en piropos enmudecidos por la cara de tonto que se me queda cuando entreveo tu media sonrisa de pícara desentrenada. Disfruto callado incapaz de romper el silencio tendido de un hilo, a punto de romper en carcajadas, esperando alguna de tus salidas inesperadas. Entonces un amago, un roce, una mirada cruzada basta. Rompemos a reír y jugamos a ser humanos en mitad de un mar de sentimientos desbocados.

Y es que Sucede Que Hoy recordé tu cara de "yo no fui"...
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En La Trinchera

Ahora que te siento lejos, agazapado entre sacos de arena que habrán de salvarme la vida cuando al fuego cruzado se le antoje sobrevolar esta trinchera, recuerdo las tardes en que las notas de tu viejo violín venían a remolonearse en mis oídos. Verte al contraluz delante de aquella ventana con vistas a un mundo todavía en paz se convertía entonces en un ritual sagrado donde luces y sombras se mezclaban con la sinfonía de las cuerdas pulsadas por tus finos dedos. Ahora hay días en que creo transportarme atrás en el tiempo y escucho aquella misma melodía, hoy teñida de sangre y duelo, atravesando el aire en forma de balas que, con suerte para unos y desgracia para otros, terminan por hacer blanco. Uno más, otro menos. En esta sucia y cruel guerra de hermanos el recuerdo de tus notas se convierte en el mejor aliado. Aquí nadie puede fiarse de nadie. Quien no miente, ya ha mentido; quien no llora, ya ni siquiera se siente vivo. Y entre partitura y partitura acaricio mi fusil imaginando tu cuerpo desnudo y recorro sutilmente las curvas que dibujan tus caderas de madera y hierro. Hace horas que nadie viene a visitarme. Ya no sé si soy el último superviviente de mi sección, tal vez de mi escuadrón, o es que acaso hace días que esta absurda guerra ya acabó. Nada importa ya. Mi vida perdió sentido el día en que me reclutaron y te vi con lágrimas en los ojos diciéndome adiós con tu mano desde el andén. En aquel instante, rodeado de tantos otros infelices como yo, supe que mi vida había llegado a su fin.

Y es que Sucede Que Hoy escribo en homenaje, en recuerdo, en secreto...
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Una Palabra Tuya

Vuelve a desnudarte en palabras de amor y deja que tu alma se muestre en la plenitud de su esencia. Que caigan armaduras y escudos, pieles resecas que se interponen entre el calor de tu pecho y la frialdad aparente de tu trato medido. Que la luz que llevas dentro se muestre esplendorosa y transporte en su brillo la dulzura que duerme en tu interior. Como mariposas a las que les cuesta separarse de su crisálida, tus sentimientos se desprenden suavemente del abandono para alzarse vigorosos por encima de cualquier duda. Y en la travesía de la oscuridad al crepúsculo mis huesos tiemblan de orgullo y mi piel se derrite ante los encantos de tu corazón entregado. No hay entonces placer más profundo que el sentido al dejarme seducir por tus tiernas palabras. El mundo deja de girar y la armonía invade mi cuerpo agitado por el resonar de tu afecto. No soy digno de que entres en mi pecho, pero una palabra tuya bastará para enamorarme. Y entregado a tu magia me dejo llevar por la sinceridad que desprende tu promesa. Vuelve a desnudarte en palabras de amor y permite a mis oídos deleitarse con tus ecos, mientras se eriza mi piel de sólo saberme tuyo. Vuelve a mostrarme la sabia de tu amor y comienza a creer en los sueños que una tarde, entre besos, tejimos entre los dos.

Y es que Sucede Que Hoy una palabra tuya bastará...

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Viniste A Sembrar Paz

Viniste a sembrar paz en este corazón en guerra. Llegaste sin aviso y te adueñaste de mi territorio sin ni siquiera entrar en la contienda. Fueron suficientes tus palabras, tus sonrisas y tus aires de mujer con alma eterna. Me sedujo tu saber disfrazado de inocencia y esa lengua indomable cuando se trata de decir verdades aunque duelan. Para cuando quise darme cuenta ya el amor había arrasado incluso mi vergüenza. Con la fuerza de su ejército de besos cuestionó hasta mis creencias. Y resultó que sí existía la que ya daba por muerta. Vencido y sin orgullo me entregué a tus abrazos y es hoy que cuando no los tengo muero por dentro y me rompo en mil pedazos. Tu piel, tus manos, tu palabra dulce de sonar lejano; tu mirada, tu descaro, tu silencio sosegado cuando duermes a mi lado. Es tanto lo que extraño cuando la noche nos separa, que me encierro entre las sábanas y te imagino en mi regazo. Es tanto lo que suspiro por tu ausencia que la misma luna se emociona cuando te suspiro en soledad. Pero sólo existe algo que puede en esos momentos calmar mi ansiedad; sentir tus labios en los míos y saber que nunca más soportaré esa frialdad.

Y es que Sucede Que Hoy fuiste paz en mi adversidad...

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Se Me Deshace Tu Amor En La Boca

Se me deshace tu amor en la boca cada vez que recuerdo el sabor de los besos que se quedan en la comisura de mis labios. Se me deshace tu amor y nada puedo hacer sino extrañar tus manos traspasando la piel de mi pecho haciendo latir con fuerza al que habita adentro. Se me deshace tu amor en la boca y al hacerlo se me endulza la lengua y mi rostro refleja la paz que siento cuando es el sabor de tu esencia el que trago con entrega y desenfreno. Pero son largas las horas cuando siento que estás lejos. Largas, frías y pesadas; lentas, sosas y apenadas. Y con la sombra de tu ausencia persiguiéndome entre las paredes de mi habitación trato de cerrar los ojos al mundo y encontrarme contigo en el universo de mis sueños. Pero el sueño se burla de mí y me mantiene en una vigilia dolorosa sin tu respiración pausada al lado. Y te pienso. Y te extraño. Y te suspiro. Y te deseo. Y entretanto te sigo extrañando. Se me deshace tu amor en la boca cada vez que recuerdo el sabor de los besos que se quedan en la comisura de mis labios. Se me deshace tu amor y nada puedo hacer sino anhelar el momento en que la máxima distancia que nos separe sea la que dejen nuestros cuerpos cuando ni el aire pase entre nuestras pieles.

Y es que Sucede Que Hoy te anhelo, te extraño, lo anhelo, lo extraño...

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Feliz Felicidad


Y es que Sucede Que Hoy y por siempre os deseo lo mejor...
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Uno De Nuestros Momentos

La lluvia caía con fuerza resbalando por el cristal de la habitación del hotel mientras mis brazos rodeaban tu cintura y observábamos el agua bajando las calles de aquel pueblo adoquinado. Ni el gris del cielo encapotado podía arrebatarnos la ilusión de sabernos juntos y solos en aquel lugar alejado de la realidad. Las sábanas todavía revueltas atestiguaban el amor entregado en ellas hacía sólo minutos, cuando el sonido de la lluvia comenzaba a llenar la habitación con su incesante traqueteo. Afuera, los termómetros indicaban todo lo contrario a lo que en nuestros pechos se vivía y aquel agua que las nubes descargaban con fuerza no hacía sino limpiar y purificar nuestras almas vendidas al poder sublime de amar sin límite. Un piano sonaba de fondo marcando el tempo con el que mis labios descendían por tu cuello y tu sonrisa nerviosa empañaba el cristal de la ventana con el aire de tu esencia exhalada. El mundo giraba sólo para nosotros. El tiempo se había detenido en el momento en el que con voz rota y dulce habías dejado escapar de tu boca un suspiro. Y conforme nuestros corazones se fundían en un latir compartido y nuestras miradas se perdían por aquel paisaje blanco, la noche fue cubriendo de pardo el ya ennegrecido cielo, y de magia el instante en el que comprendimos que nada tenía más sentido que nuestros momentos de amor pleno.

Y es que Sucede Que Hoy imaginé una situación cercana...

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Y Olvidar El Resto

Quiero abrazarte y olvidar que el mundo existe. Respirar sólo por y para inhalar tu sentimiento. Latir únicamente para hacerte partícipe de la emoción de mi pecho cuando estás cerca. Encerrarme en ti y cerrar los ojos a las obligaciones. Hacer oídos sordos a todo menos a tus te quiero. Desprenderme del estrés con la pócima mágica de tus besos. Quiero que el único camino que recorra mi cuerpo sea el que me lleve de tu labios hasta el final de tus piernas, mientras las sábanas nos cubren por completo. Desconectar, sentir, vivir al ritmo de tu respiración en mi cuello. Lento, pausado, entregado al noble arte de simplemente existir por un momento eterno. Cerrar los ojos y retener en mi mente la imagen de tu última sonrisa. Entrelazarnos para juntos escapar de la rutina. Quiero, quiero, quiero, pero no puedo. Y al no poder me desespero. Me desespero y sueño con poder hacerlo. Pero siempre termino por acatar las órdenes del maldito despertador y otro día como el de ayer comienza sin ni siquiera poder detenerlo. Y cuando ya me resigno al inevitable estrés de los días largos sin ti, me aferro al recuerdo de tu voz susurrando en el silencio un te amo por encima de las circunstancias. Y en eso creo. Quiero, quiero, quiero, pero no puedo. Quiero, quiero, quiero y en cuanto pueda todo se hará cierto.

Y es que Sucede Que Hoy quisiera sólo estar contigo y olvidar el resto...

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La Hoja Que Quiso Ser Libre

Y en aquella hora de la tarde la hoja decidió dejar atrás sus miedos y saltó al vacío del aire de la ciudad, desprendiéndose de la rama que le había visto nacer. Sintió cómo el viento rozaba su piel reseca y agrietada de color marrón y creyó que acababa de probar el sabor de la libertad. Voló entre algodones mecida por el vaivén del revuelo levantado por el tráfico de aquellas horas y respiró satisfecha con la seguridad de haber tomado la decisión correcta. Durante su breve pero intenso trayecto hasta el suelo recordó sus días allá en lo alto, aferrada a la vida que ahora poco a poco veía alejarse cada vez más y más mientras las que habían sido sus compañeras ya lloraban su pérdida. No lloréis -pensaba ella inconsciente de su fatal e inminente desenlace. No lloréis porque sólo he querido experimentar la sensación de navegar libre por el aire frío de este diciembre atípico. Y sin tiempo de mirar atrás, su cuerpo lánguido fue cayendo lentamente dibujando eses en el aire hasta chocar contra el parabrisas delantero de mi coche parado en un semáforo. Escuché el quejido de su voz rota al impactar contra el cristal y seguí con la mirada su descenso parsimonioso hasta perderse por la parte delantera y caer al asfalto. Pereció. Lo sé porque su llanto quebrado no dejaba lugar a dudas. Pero en lo que duró su viaje, aquella hoja intrépida experimentó lo que siempre había soñado: volar, aunque para ello muriera en el intento.

Y es que Sucede Que Hoy una hoja se posó en mi parabrisas...

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500 Suspiros Y Aire Para Más

Muchas letras han llovido desde que hace algo más de dos años el sueño loco de quien escribe y suscribe echó a andar por estos lares de la creación nocturna de relatos fugaces sin fecha de caducidad. Historias contadas con nocturnidad y alevosía; narraciones y vivencias que poco a poco fueron adoptando un estilo propio. Con ésta ya son quinientas las veces que me he enfrentado al frío del fondo blanco bajo la mirada desafiante del cursor parpadeando. Muchas han sido las batallas lidiadas con ese enemigo en forma de barra vertical que aparece y se esconde con la fugacidad de las ideas. Y aquí sigo, con menos dedicación de la que desearía y con más ganas de encontrar mi espacio en la vorágine del universo de las letras. Saltar al mundo del papel ahora que hay quien dice que está muerto. Es inevitable: soy así. Día tras día, noche tras noche, relato tras relato he viajado por mi imaginación a veces y por mis entrañas otras muchas, en busca de una voz propia capaz de plasmar emociones comunes y al mismo tiempo saciar mis ansias de desahogo. Gritar bajo el silencio de mi habitación, sólo perturbado por el sonido del teclado del ordenador. Y uno echa la vista atrás y se da cuenta del camino recorrido, del derroche de letras unidas, del derrame de sentimientos desnudados entre oraciones. Y cuando te preguntas si todo esto valdrá la pena, luchas contra la desidia aferrándote a aquello de que "quien la sigue, la consigue". Y en eso estamos. Con quinientos retales de mí a las espaldas publicados en este humilde rincón y con quinientos millones más que quisieran ir viendo la luz con más asiduidad de la que el tiempo y los quehaceres me permiten. Son tiempos de escasez y recortes, pero la crisis de letras, como la financiera, pasarán a la historia antes o después.

Y es que Sucede Que Hoy cumplo 500...

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Abrigo Rojo

Al ver cómo salía de la cafetería dejó unas monedas que cubrían más que de sobra el importe de la infusión que todavía humeaba delante de él y salió acelerado detrás de ella. Parecía un detective de los que algunos contratan pensando que aún sin confianza su relación puede sobrevivir. Los poco más de diez minutos frente a ella observándola de espaldas desde la barra le habían bastado para encender el fuego en su pecho. Necesitaba saber quién se escondía debajo de aquel abrigo rojo sobre el que descansaba una larga y lisa coleta. Siguió sus pasos manteniendo siempre una distancia prudente y recorrió así calles y plazas tras la estela de luz que desprendía el aura de aquel ángel disfrazado de mujer. De pronto, al girar una esquina, su corazón se aceleró al no distinguirla entre la multitud que abarrotaba aquella calle de edificios antiguos y amontonados. Continuó abriéndose hueco entre la gente, nervioso, escuchando a su paso los rumores de aquellos que iba apartando cogiéndolos del hombro. Sus labios no daban abasto para pedir tanta disculpa. Y en una de aquellas, cegado en avanzar en busca del abrigo rojo, golpeó con su brazo el de una mujer que inmediatamente se giró clavando sus ojos en los de él. Le impactó la fuerza de aquella mirada. "Lo siento", dijo. Y cuando ya iba a emprender la marcha de nuevo, vio que del otro brazo de su última víctima colgaba aquel mismo abrigo rojo que apenas minutos atrás le había hecho perder el juicio. Volvió a mirar hacia el rostro y reconoció la coleta larga y lisa. Un escalofrío recorrió entonces su cuerpo.

Y es que Sucede Que Hoy simplemente narré...

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Amanece Madrid

Recorro las calles de un Madrid al que le cae con peso el frío en estas fechas en las que ya se empiezan a ver las luces de navidad por las calles. La ciudad comienza poco a poco a despertar mientras me adentro en ella y cada vez son más las persianas que anuncian los buenos días con sus sonidos desgarrados. El humo de un café caliente asciende desde el vaso que sujeto con mi mano amoratada por el helor y se cuela por mi nariz hasta templarme el ánimo y la temperatura interna. Contemplo los rostros de la gente desconocida con la que me tropiezo en cada calle y me doy cuenta de que todas las ciudades del mundo deben ser similares cuando amanecen; mismos ciudadanos apresurados por llegar al trabajo o volver de él después de toda una noche, los que van igualmente apresurados pero rumbo a la escuela con los hijos, o los infelices a los que su paso acelerado y nervioso delata una noche furtiva en la que se les ha hecho demasiado tarde. Son lo que más corren. Conforme pasan los minutos, los semáforos, que hasta hace apenas una hora sólo servían para teñir de colores el agua de los charcos, van cobrando más sentido a medida que el asfalto empieza a poblarse de vehículos. Algunos teléfonos móviles comienzan a sonar por las aceras. Comienza un nuevo día. Otro más como el de ayer. Y el de mañana. Para algunos.

Y es que Sucede Que Hoy viajo a Madrid...

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Latidos Profundos

Como si al cerrar los ojos se me abrieran las puertas de un universo nuevo repleto de paz y sosiego. Unas escaleras de mármol frío descienden hasta los sótanos de mi consciencia que poco a poco va sintiendo como se le apaga la luz. Desciendo peldaño a peldaño y en el camino siento como mis músculos se van relajando hasta dejar caer su peso muerto sobre las sábanas templadas de mi cama. La respiración poco a poco se acompasa con el leve sonido del agua fluyendo que creen escuchar mis oídos mientras realizo el descenso. Voy cayendo en los dominios del sueño hasta rendirme de una vigilia insostenible ante tanto silencio. Inspiro. Espiro. Inspiro. Espiro. Olvido la lucidez y las imágenes comienzan a entremezclarse dibujando formas cubistas de ángulos imposibles. Un estado de profunda calma va inundando cada rincón de mi cuerpo como el agua derramada de un vaso que sigue llenándose. Respiro aires de paz mientras los sueños se siguen sucediendo a una velocidad de vértigo. Tú, yo, aviones, besos, ciudades, abrazos, sonrisas.... Todo está estrechamente desenlazado en una desunión conexa. Todo a mi alrededor se encuentra en un estado de absoluta quietud. Creo estar muerto, y sin embargo todavía escucho latir mi corazón. Pum, pum. Pum, pum. Y cada vez más fuerte. Y más. Y más. Hasta que se para. Entonces despierto y veo cómo te das la vuelta entre mis sábanas y dejas caer tu mano sobre mi pecho. Siento tu tacto. Y vuelvo. Pum, pum. Pum, pum.

Y es que Sucede Que Hoy latí profundo, dormí profundo...
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Con Sólo Mirarte

Disparo palabras que rebotan contra las paredes inmunes de unos tímpanos negados. Siento la desesperación de quien pretende explicar a un ciego los colores del arco iris. Los ojos salen de sus órbitas atónitos ante lo que están leyendo, incapaces de creer que algo así pueda estar sucediendo. ¿Cómo decirte que...?¿Qué hacer para lograr que salgas de ahí y vuelvas a la realidad sin el velo de la duda? Las palabras se amontonan a las puertas de los labios que permanecen abiertos en un gesto de incredulidad. Sudores fríos recorren mi cuerpo y un ligero temblor en las manos denota mi nerviosismo; la situación empieza a superarme. Por momentos creo estar en la típica escena de ¿cable rojo o cable azul? El problema es que cuando me decido a cortar uno, de pronto desaparece porque la situación si no es demasiado fácil. Ya no sé si estoy soñando; todo parece tan insultantemente real y al mismo tiempo poco creíble. Es como querer negociar un sentimiento. Estar dándolo todo para que, de pronto, un soplo de elucubración se atreva a llevarse por delante la confianza preestablecida. Suerte que existen las miradas, espejos insobornables de las verdades del alma. Esperaré a tenerte enfrente para convencerte de mi inocencia con sólo mirarte...

No fue hasta que terminó de leer el manuscrito que se dio cuenta de que la angustia que gritaban aquellas palabras había traspasado sus pupilas y en su interior la fatiga era ahora asfixiante. Miró a su alrededor y cayó en la cuenta de que llevaba varios minutos absorto en aquella carta desesperada, escrita en una libreta que un desconocido había extraviado o tal vez se habría desprendido de ella en aquel lugar y él, ahora, había encontrado. ¿Pero quién? Su curiosidad, unida a su espíritu de narrador y creador de historias, le hizo caer en la cuenta; acababa de encontrar argumento para su nueva novela.

Y es que Sucede Que Hoy volví a los giros...

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