El Silencio De La Noche En El Tren

Hacía algo más de dos horas que habíamos dejado atrás la Berlin Hauptbahnhof-Lehrter Bahnhof -o Estación Central de Berlín- y la noche caía silenciosa y fosca, dueña de una oscuridad absoluta sólo rota por el tímido resplandor de una luna amagada entre nubes opacas. Mi cabeza, apoyada en el cristal del vagón, notaba cómo el frío se adueñaba del exterior con el paso de los minutos y los kilómetros tierra adentro, alejados cada vez más de la gran ciudad. A mi alrededor todos dormían o, al menos, lo intentaban apoyados unos contra otros mientras las enormes mochilas de viaje hacían las de colchón, almohada o incluso pareja en mitad de un cálido abrazo, seguramente inconsciente quien lo hacía, absorta en su sueño. El cansancio acumulado hacía mella y el dulce traqueteo del tren acompañado del silencio sepulcral completaban un escenario perfecto para recuperar la fuerza que tanta falta haría en apenas horas, para afrontar la realidad de otro país por visitar, una nueva ciudad que se abriría ante nosotros dándonos la bienvenida con los primeros rayos de luz de la mañana. La belleza de la que para muchos era uno de los más obviados tesoros del viejo continente esperaba nuestra llegada; Praga sería nuestro hogar en los próximos días.
Moviéndome a duras penas, con la máxima agilidad que me permitía el hecho de tener sobre mi hombro apoyada la cabeza de quien ocupaba la butaca de mi lado, probé a sacar uno de los libros que llevábamos en el equipaje de mano para tratar de tentar al sueño que la impaciencia, el nerviosismo y tu recuerdo se habían encargado de robarme. El intento fue inútil, pues mientras movía mi brazo con suma delicadeza y sigilo para no interrumpir el sueño de los que, bendita su suerte, habían conseguido atraparlo, advertí que la tarea resultaba imposible. Además, de lograr extraer cualquiera de las novelas, el esfuerzo para leerla hubiese sido desmesurado ante la poca luz que bañaba el pequeño compartimento. Así que decidí permanecer inmóvil, observando por la ventana con la mirada fija en la nada, trayendo a mi cabeza imágenes de tu sonrisa mientras te imaginaba dormida en tu cama, con la ventana entreabierta, colándose la brisa nocturna del mar hasta erizarte la piel dorada que tan bien te sentaba en aquellos días de verano. Quién sabe si por tus sueños se estaba colando entonces alguna imagen mía también. Quise creer que sí, por no sentirme tan solo en aquel instante. Imaginé lo bonito que hubiese sido visitar aquellas ciudades de tu lado, disfrutar de las noches de tren siendo tu cabeza la que se recostaba sobre mi hombro, tu mano entrelazada a la mía la que me impedía coger el libro, o el recuerdo de mis amigos el que me quitaba el sueño, pero no. Y en aquellas parece ser que me vino al fin el sueño, ya que creí sentir que me levantaba con total facilidad de mi asiento y me dirigía atravesando vagón tras vagón sin necesidad de abrir ninguna puerta, hasta el penúltimo de ellos para sentarme a tu lado. De pronto aquel tren sólo viajaba para ti y para mí; sus pasajeros se habían evaporado y las nubes opacas que antes cubrían el cielo se habían disipado dejando brillar a la luna que tintaba de añil nuestro compartimento. Me decías que llevabas en aquel vagón desde que el tren salió de la primera estación, esperando cada noche mi llegada, hasta que por fin hoy me había decidido. Pero la realidad era que yo no sabía de tu presencia hasta aquel momento y todo porque en una de las curvas eternas en las que, viajando de espaldas, puedes ver cómo el tren se retuerce, había observado un haz de luz blanca que salía de tu vagón y enseguida supe que allí estabas, envuelta en tu aura mágica de ángel caído del cielo. Y te besé de manera cálida y profunda hasta que tu figura se desdibujó y se marchó con el viento que entraba por el pequeño ventanal que se abría en lo alto del cristal. Fue entonces cuando desperté de nuevo y vi que todo seguía igual; la gente dormía, la luna se ocultaba detrás de la noche cerrada, las enormes extensiones se abrían a ambos lados de la vía y el susurro del viento que cortaba el tren permanecía invariable. Debíamos estar próximos al destino, pues ya rayaba el día en el horizonte y el rocío y la humedad tintaban los cristales de vaho. Aproveché para escribir tu nombre diminuto y lo enmarqué en un corazón, hasta quedarme dormido de nuevo, con la mejilla apoyada en él. Pronto llegaríamos.

Y es que Sucede Que Hoy imaginé una de las noches de tren...

9 comentarios :

vicky gallardo | 03:08

cuantas veces he viajado, he recorrido el mundo y sus recovecos en el silencio de la noche... he imaginado cada calle empedrada, el aroma a café recién hecho,el lienzo de miró azul y mis ojos derritiendose de solo mirar... he tocado las arenas del desierto, oasis de sentimientos, promesas del porvenir... y despertaba sin haber cerrado mis ojos, en el mismo lugar... queriendo hacer realidad el dibujo de mis pupilas.

Quizas sea una manera de estar, de llegar... de destinar los días; quizás nos encontremos alli pablo... en un tiempo sin tiempos, en la misma plaza, la que tiene la fuente que refleja la mañana...y el sol nos acariciara la piel... y en el encuentro de palabras iremos mas alla todavía...

a otro lugar, a otro espacio... y viajaremos por el río de la verdad, donde de desarman los vacíos, donde habrá otro abrigo del sol...

y quizás soñemos...

quizas, nos encontremos... cerra tus ojos... ahi nos vemos...

...

Anónimo | 08:56

wenos dias príncipe encantado!!!no keria dejar de darte los wenos dias,aunq sea desd la biblio...ya te escribiré en otro momento q akí toca "silencio"....1besazo.....OE

Pablo Martín Lozano | 12:52

Hola Vicky: Anoche viajé de esa manera, con los ojos bien abiertos, escuchando una bonita banda sonora de fondo de música instrumental mientras escribía. Y de nuevo caí en un ejercicio de adelantar al futuro, de imaginar cómo será uno de los viajes que me esperan en menos de un mes.
Pero tampoco es mi primero. Es bonito perderse de vez en cuando en el lugar que deseas, sólo imaginándolo mientras te relajas sintiendo que podrías estar allí.

Será -y no sería- un bonito encuentro así. Nos veremos.

Un beso y gracias.

"Anónima": Al leer tu comentario me ha recordado al "buenos días princesa" de Godi -Roberto Bengini- en La Vida es Bella. Así que valga esa expresión en contestación a la tuya. Respeto tu silencio y te acompaño en el sentimiento por estar donde estás.

Un beso. OE

Encarni | 02:07

En cuanto leí la primera frase de este post ya me encontraba en el asiento que estaba justo delante de ti, observándote, inmóvil, me convertí en una de las personas que dormían próximas a ti, pero con un ojo abierto. Pude ver perfectamente como intentabas coger el libro pero te era imposible, como se te iban cerrando poco a poco los ojos sin apenas darte cuenta.

Hoy tu relato fue tan mágico que me colé en la historia.

El silencio de la noche es perfecto para viajar, en tren, avión, barco... como sea y a donde sea, en ocasiones nosotros elegimos en otras lo hace el destino.

Cada dia al leer tu post pienso que es imposible mejorarlo y ahí estás tú para demostrarme lo contrario...

Mil besos niño perdido.

Pablo Martín Lozano | 19:02

Hola Encarni. Me alegra leer que te metes en la historia y la vives desde dentro. Hasta el momento sólo he viajado de noche en coche y barco, pronto lo haré en tren. Me encanta esa sensación, sobre todo cuando llegas al destino, miras el reloj y ves que tienes todo el día por delante todavía.
Gracias por lo de que cada día me supero, es un bonito halago.

Un beso.

laurita | 22:27

No voy a permitir que no duermas por las noches, y mucho menos que te resignes a pensar en alguien que no podrá estar allí contigo. Disfruta de nuestra compañía!!!q way, solo quedan 15 largos días!!!

Pablo Martín Lozano | 22:32

Quince Días!!! Jaja, no me había parado a pensarlo! Qué ilusión -pero que eternos esos quince días-, jeje.
Sé que tu velaras por mi sueño y eso me tranquiliza; sabes que poca gente tiene el poder que tú para influir en mis actos! Jeje. Te lo agradeceré.
Respecto a lo de pensar...Creo que será más difícil que me lo controles, pero prometo ser discreto.

Un beso y ve preparándote!

Paz | 08:03

Llegué aquí por empatía temática, escribiía acerca de un tren (un tanto mas lóbrego que el tuyo por cierto) y buscaba una imagen para ponerle y llegue hasta acá, me detuve y leí y no quise irme sin antes decirte que admiro tu forma de querer, tan dulce, honesta casi épica, un valor en extinsión por estos tiempos.
Además te entiendo tanto, no imagino mis viajes sin él, serían paseos por lugares hermosos, mas sin sellos profundos que acompañen las imagenes con afectos.
Un abrazo Pablo y sigue dándole al corazón.
Paz Maffet.

Pablo Martín Lozano | 16:03

Gracias Paz! bienvenida. Puedes pasearte por los ma's de 415 relatos que llevo publicados. Espero que disfrutes y te invito a que dejes comentarios.

Besos y gracias.