Amor a Diez Mil Metros de Altitud

Como cada noche de viernes, el taxi se dirigía hacia el aeropuerto en lo que sería el principio de mi viaje semanal a la cité de l'amour. Por delante algo menos de dos horas de vuelo y casi tres días repletos de clases, conferencias y poco descanso.
Tras una larga espera y ocupando ya mi asiento en el avión, observo como una azafata acompaña a una chica de semblante alegre aunque algo cansado y con aires de dominar la situación. Seguramente no es su primer vuelo. Tampoco el mío.
Lentamente veo como la azafata se acerca por el pasillo al mismo tiempo en que mis palpitaciones aumentan el ritmo a la espera de la señal indicada que ofrezca el asiento de mi lado a la chica que, ahora más de cerca, me ofrece toda una muestra de belleza natural.

- ¿Me permites?

- Claro, disculpa.

- Bueno, no le conozco de nada y le he tuteado, perdone.

- Pablo, mi nombre es Pablo y tranquila, puedes hacerlo.

- Encantada, yo...

...Durante casi las dos horas de viaje estuvimos hablando tratando de hacer más llevadero el vuelo y dejando atrás todo el estrés acumulado durante una semana repleta de trabajo.
Al viernes siguiente, misma situación: maleta, taxi, aeropuerto, mismo asiento y, de nuevo, azafata acompañada. Esta vez con falda y botas marrones, el asiento de mi lado volvía a estar ocupado por ella.

- Qué coincidencia, otra vez juntos.

- Puedes llamarlo coincidencia.

- ¿Cómo?

- Yo misma elegí este asiento esperando volver a tenerte al lado.

Otra vez dos horas y un vuelo algo más movido que el anterior hablando con ella. En cualquier otra ocasión hubiese odiado el vaivén del avión, pero esta vez, gracias a él, ella apretó fuertemente mi mano en un momento de miedo generalizado. Me hizo olvidar el temporal.

Y así cada viernes durante dos meses. Dos meses inolvidables. Dos meses de amor a diez mil metros de altitud, cena a bordo y conversación interminable durante el vuelo.

...Pero hoy no ha venido. El asiento de mi lado está vacío, reservado y frío esperando su calor. Calor que no llega. El avión va a despegar y ella sigue sin venir. ¿Habrá perdido el vuelo?.
Las azafatas comienzan el recuento final y mis esperanzas se van pisoteadas por la lluvia al otro lado de la ventana. Parece que nos vamos...
Espera...espera...espera...¡Es ella!. ¡Está ahí!. ¡Viene corriendo!.

Y es que Sucede Que Hoy se me vuelven a ocurrir mil formas...

3 comentarios :

pauli | 15:11

me encanta :)

Pablo Martín Lozano | 18:12

Gracias :)

Bert | 23:26

Mil y una formas de encontrar la media parte q nos falta!
Me gustan estas historietas :D