Ya llega el frío
Me resultó placentero reencontrarme después de tanto tiempo con el olor a tierra mojada, la humedad penetrante en huesos y casas y el sonido incesante de unas gotas que llevaban tiempo siendo reclamadas.
Abrí la ventana a propósito para escuchar mejor los sonidos que me acompañaran durante el tiempo que me costara conciliar el sueño. Cambié la rutina de las voces de la radio por toda la gama de sonidos que la naturaleza me regalaba. Me tumbé boca arriba, cerré los ojos y traté de relajarme al compás de la balada de la lluvia.
El frío entraba en la habitación, pero por nada cambiaba aquella sensación de reencuentro con los olores, vibraciones, sonidos y sensaciones que percibía en aquel momento.
Además, el edredón a la altura del cuello me ayudaba en la tarea de aislarme del entorno. Y es que no hay nada más agradable que la sensación de calor y protección cuando te encuentras bien arropado en la cama, sea de manera artificial o natural...
Y pese a que yo soy de sangre latina, amante del sol y bastante huidizo de las bajas temperaturas, reconozco que la sensación de sentirte resguardado del frío, si finalmente lo consigues, es algo digno de experimentar. El rostro pierde toda su movilidad, quedas totalmente hierático e inexpresivo cual estatua arcaica. Pero en cambio sientes hervir la sangre por tu pecho que brota y se distribuye a cada rincón del cuerpo. Se produce un intenso debate entre unas calorías que tratan de llevar a cabo su labor a duras penas, y unos grados cuya única función es trabar esa labor.
Toda una demostración del equilibrio natural darwiniano.
Y es que Sucede que Hoy el frío ha entrado en nuestras vidas...






