Tu Aroma De Flores Frescas

Sobre la ventana de mi habitación descansa una maceta en la que un día planté semillas de tu amor. Simiente infértil. Amor complicado. Cada mañana, su tierra absorbe los primeros rayos de sol que penetran por la rendija que deja abierta la persiana. De ellos se nutren y alimentan unas raíces que se aferran cada día con más fuerza a lo más profundo del interior. Raíces que envuelven con sus filamentos la tierra opaca que genera vida; la de un sentimiento que crece con la fuerza de la primavera. Y debe ser que la flor es de hoja perenne, pues venga otoño o pase invierno, mantiene el verde intenso y no deja de lucir hermosa cada mañana. Entre sus hojas se apoya una foto de los dos, un beso eterno inmortalizado sobre un trozo de papel arrugado de tanto usarlo. Y a veces, cuando me siento a contemplar la fotografía de cerca para recordar aquel sabor, una lágrima desciende por mi rostro y se convierte en riego de la flor. Agua salada y amarga que se filtra entre las grietas abiertas en la tierra y llega hasta salir por la parte inferior de la maceta. Su materia es tan ácida que la tierra se niega a absorberla y resbala hasta el final, convirtiéndose en presa de la evaporación. Sin embargo hay días en los que la lágrima no rueda por dolor, sino que lo hace por la satisfacción que me produce volver atrás en el tiempo por momentos. Regresar y recordar instantes infinitos. Regresar y poder llegar a sentir tu tacto y tu voz susurrándome al oído. De la esencia de tu piel son sus pétalos y con ellos me embriago hasta perder la noción del tiempo. Y entonces creo tenerte delante, sonriendo, acariciando con tus manos finas el tallo de la flor, cantándole con gracia para ver crecer su cuerpo de savia y sol. Y cuando hay días en los que amanece triste y cabizbaja, tal vez porque soñó contigo o porque la luna sobre el cristal le reflejó la imagen de la foto directamente a su corazón, necesito horas para animarla con susurros y canciones, con promesas de nuevas ilusiones. La acaricio, la mimo, la tomo entre mis manos y mientras me la llevo al pecho le convenzo de que la vida son etapas que debemos superar y en cada una hay gente que viene, nos enseña y se va. Que si esto no se cumple, nos estancamos mirando siempre atrás. Que si duele al principio, sólo el tiempo lo podrá curar. Y le digo que le quiero, que jamás le voy a abandonar. Luego ella se sonroja, vergonzosa me da la cara y sin poderlo contener, suelta un efluvio de su aroma de azahar. Sobre la ventana de mi habitación descansa una maceta en la que un día planté semillas de tu amor; semillas que robé de tu pecho mientras dormías sobre el mío; semillas que aún guardo y cosecho con fervor.

Y es que Sucede Que Hoy recordé tu aroma de flores frescas...

4 comentarios :

Luis | 03:34

que bonito todo... :)

Encarni | 19:49

Mientras lo leía no pude evitar que se viniera a mi mente las callecitas de Cádiz. Esas en las que aún puedes ver casas con fachadas algo antiguas con sus balcones llenos de flores.

Como ya dije alguna vez por mi blog, el amor es como las macetas, necesitan que se las cuide todos los días.

Los aromas caracterizan tanto a las personas, que a veces creo que podríamos reconocer a alguien entre una multitud con los ojos cerrados, dejándonos llevar solo por el olfato. Es una pena que de mis cinco sentidos ese sea el que está en peor estado :(

Un besote enorme.

Pablo Martín Lozano | 20:45

Luis: Gracias y bienvenido. Hacía tiempo que no leía comentarios del sector masculino! Jeje. Veo que la sensibilidad y el amor por las letras y los sentimientos no son sólo cosa de mujeres y eso me alegra.

Saludos.

Pablo Martín Lozano | 20:47

Encarni: Sigo sin conocer Cádiz y eso no puede ser! jeje. Sé que lo tengo pendiente y ya veré esas callecitas con macetas en los balcones.
Los aromas, como dices, son un regalo. El olor a comida cuando tienes hambre, el olor a flores cuando pisas un jardín, el olor a tierra mojada cuando llueve, el olor a azahar en primavera, el olor de un beso, de una piel, de una lágrima.

Besos!