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Olor a Recuerdo

Llueve a treinta grados y el olor a tarde húmeda me hace recordar la vez en que la lluvia nos sorprendió sin preaviso sentados bajo aquel árbol centenario. Fue una de esas tardes que sólo se viven una vez y la intensidad del pensamiento hace que queden grabadas a fuego en la memoria, justo en el rincón de las experiencias que saben a vida. Los colores, los sonidos, las sensaciones, los olores... Recuerdo todo, incluidos tus besos y tu risa entregada. La forma en la que te mantenías sentada en mis rodillas, cara a cara, a un beso de distancia. Y cómo el aire levantaba hojas, vergüenzas y esperanzas. La gente corría espantada mientras entre tú y yo reinaba la calma. Y sólo nuestros corazones latían al ritmo de la estampida generalizada. No por miedo, sorpresa o pocas ganas de sentir la piel mojada, sino de saberse entregados a una causa que por entonces apenas comenzaba. Y que ahora que ha pasado el tiempo lo siguen haciendo con más entrega, devoción y garra. Desde entonces muchas lluvias han mojado el mismo suelo y ninguna sin embargo ha logrado evocar la emoción de saber que aquel sería por siempre un instante eterno. Por suerte queda la virtud del recuerdo; cerrar los ojos, viajar atrás y revivir a diario, ingenuo, la magia de aquel encuentro.


Y es que Sucede Que Hoy el olor me transportó...

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