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El Cuarto de Revelado

La luz roja pende del techo y cae a plomo sobre tus hombros desnudos mientras tú, ajena a mis intenciones, trabajas con esmero tratando de positivar las fotografías. Estamos solos en el cuarto de revelado y mi mente sólo piensa en lo bien que refleja esa luz en tu piel. Pareces de porcelana; pura, suave, lisa, pero intensamente cálida. Llevo rato pensando en colarme en tu cabina, silencioso, y cerrar tras de mí la cortina negra que ahora deja abierta la rendija por la que no he dejado de mirarte. Sorprenderte en la oscuridad y besarte antes de que la luz roja se apague. Y mientras lo hago, rodearte con mis brazos por la espalda y dejar que nuestra química acabe sacando los colores de las instantáneas. Pero cuando estoy a punto de lanzarme pienso si no será que los haluros de plata me están haciendo cometer un error. Y freno, mientras sigo conformándome con la imagen de tu melena cayendo sobre tu hombro derecho. Con la excusa de pedirte por un momento las pinzas, llego hasta tu espalda y el olor de tu perfume se impone a todos los que desprenden los productos químicos. Poco a poco aparto la cortina y voy descubriendo más cuerpo, más piel, más perfume y, como si durante todo este tiempo en el que llevo desnudádote en la mente la tuya hubiese estado pensando lo mismo, de pronto te giras, me miras con esos ojos ardientes de luz roja y con la misma delicadeza con la que antes manejabas los negativos, me acaricias el rostro con tus manos mientras nuestros labios se llaman a gritos.

Y es que Sucede Que Hoy quise tenerte en el cuarto de revelado...

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Tienes Mirada de Duda

Tienes mirada de duda, incierta, esquiva, como escondiendo algo. Lo veo en esos ojos por los que ahora resbala todo, como las gotas de lluvia por el cristal que ya se empaña. Una mirada furtiva, arrepentida de estar mirando, incapaz de permanecer fija en un punto durante más tiempo del que dura un pestañeo. Quien dijo por primera vez que los ojos eran el espejo del alma, sin duda debía estar mirando a alguien con una mirada como la tuya de este preciso instante. Reflejo huidizo de un secreto que no quiere ser desvelado. Sin brillo, sin magia, sin energía. Impura. Una mirada hueca de espíritu. Me duele mirarte y no encontrarte en esos ojos. Me duele la imagen de mí mismo que devuelven tus pupilas dilatadas. No soy yo. No eres tú. Y si no somos, me pierdo. Hablas, sonríes, me muestras tus marcas en la piel como sello de autenticidad, y sí, lo sé, eres, pero no estás. O acaso estás, pero no eres. Estás como ida -te digo. Pero tu mente está más nublada que el cielo gris que nos envuelve y ni siquiera me escuchas. Tengo que hacerte reaccionar, necesito que tus ojos sean las lentes por las que yo miro. Y entonces, de pronto, como por gracia divina, me besas, suspiras y al separar tus labios de los míos, tu mirada vuelve a ser la mía, vuelve a rebosar amor y vida. En tus ojos habito. Ya podemos irnos.

Y es que Sucede Que Hoy vi el vacío en tu mirada...

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Hoy Es Uno De Esos Días

Hay días en los que la luz brilla de una forma diferente, mágica, y su reflejo en el paisaje urbano hace parecer que todo es más bonito. Hasta el atasco de las 19:30 cuando el centro de la ciudad se viste de claxon en cada esquina, con calles repletas de coches ansiosos por llegar a casa. Hoy es uno de esos días. Desde que hace apenas unas horas el primer rayo de sol se ha atrevido a atravesar la opaca y densa pared de nubes negras amenazantes, la luz se puede respirar de otra manera. Los coches, los edificios, el rojo de los semáforos... Todo parece estar sacado de un cuadro. Y ahora que las primeras gotas de lluvia se entremezclan con el apacible sonido del viento girando desafiante, todavía es mayor el espectáculo. Un juego de agua, sonidos y luces que vienen a hacer más llevadero este lunes insulso. En cualquier momento el cielo va a romperse en mil pedazos. Y yo pensando que nunca llueve a gusto de todos.

Y es que Sucede Que Hoy hay una luz mágica...
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